Miguel Ángel Pérez de Juan Romero (Ourense, 1956) empezó a cobrar protagonismo político en el año 2008 cuando, siendo ya presidente de Cáritas, fue candidato al Senado. Entonces consiguió su escaño sin que el Obispado ni la Cámara Alta levantasen la voz para denunciar una supuesta incompatibilidad de ambas actividades. Tampoco molestaba a la Diócesis, por aquel entonces, el elevado patrimonio personal del máximo responsable de su entidad benéfica ni el hecho de que moviese hilos para hacerse con la gestión del geriátrico para sacerdotes. Sin embargo, el nuevo obispo no quiso aceptar ese tipo de herencias.
La gestión de la residencia fue el detonante que aceleró la salida de Pérez de Juan de Cáritas, pero cada vez eran más las voces que, desde dentro y desde fuera de la Iglesia, consideraban como mínimo inoportuno que él presidiera una entidad benéfica como esa. Su patrimonio ya se intuía, pero la publicación a finales del año pasado de la declaración de bienes y rentas que presentó al adquirir su condición de senador fue la gota que para muchos colmó el vaso.
Negro sobre blanco, ese documento hizo público que posee dos plazas de garaje y un piso en Madrid, una vivienda unifamiliar en Pereiro de Aguiar, una oficina (y tres plazas de aparcamiento) en la plaza de San Antonio de Ourense y otra más en la calle Teluro, también en la capital ourensana. Además, posee tres coches -un Jaguar, un Mercedes y un Mini-, una embarcación de vela y un atraque portuario (en este caso cedido por 22 años) para dejarla en Baiona. Todo ello, sin contar con los 155.382,45 euros en que se valoran las participaciones que tiene en su empresa. Pese a que también debe algo más de 226.224,88 euros en préstamos hipotecarios, estos datos dañaban la imagen de Cáritas con él como presidente.