A sus 16 años, Javier Cal Muñíz, el base juvenil del Xuven, ha debutado ya con el primer equipo
20 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.«Un pájaro no vuela alto si vuela solo con sus propias alas». El joven vilalongués Javier Cal Muñiz (5/10/1996) recita la frase en inglés. Lo hace para explicar su forma de ver el baloncesto. Eso que «ocupa el primer lugar en mi vida». El baloncesto es «trabajo en equipo». Y a su equipo, el Club Xuventude Baloncesto, se entrega Cal desde que hace tres temporadas, mudado con su familia a la Vilalonga natal de su madre, buscó continuar su formación deportiva iniciada con 5 años en las escuelas del Porriño.
Puede no ser un portento a lo Ricki Rubio, pero Javier apunta posibles. Al menos en la EBA en la que se mueve el Establecimientos Otero. Este verano Alberto Rodríguez, pívot del primer equipo cambadés y entrenador del juvenil del club, coincidió con su presidente, Jorge Castiñeiras, y el técnico del E. Otero, Yago Casal, en que el chico, base de ocupación, tenía madera para empezar a entrenarse con los integrantes del vigente campeón del Grupo A de la Liga EBA. A sus 16 años, la mayor promesa de la cantera amarilla se sumó a sus mayores para hacer la pretemporada. Y de no torcerse las cosas, con ellos seguirá trabajando un par de días a la semana compaginándolo con el cuadro juvenil. De hecho, ya debutó en partido oficial bajo las órdenes de Yago Casal. En el arranque de la Copa Galicia, frente al Ourense C.T.. Anotó dos tiros libres, dio una asistencia, robó un balón y capturó un rebote en poco más de 4 minutos. Javier enumera sin problema, porque «tengo la estadística plastificada como recuerdo». Hoy está convocado para la final copera.
Alternar categorías no le es nuevo a Javier. Al contrario. El adolescente que con 5 años se adentró en ese mundo del baloncesto del que se enamoró viendo jugar a su padre en los equipos de Autonómica de Arcade o Marín lleva años haciéndolo. En sus dos temporadas en el Xuven alternó los equipos cadete y juvenil, figurando como director de juego titular de este último la pasada campaña.
Tras jugar de base, escolta y alero en Porriño, en Cambados encontró el paraíso. «De siempre quise ser base. Siempre me gustó más dar un pase de canasta, que meterla. Al llegar a Cambados, tras el primer entrenamiento, mi primer entrenador, Manuel Serén, me puso de base. No hizo falta que le dijese que me gustaba». Y eso que «una de las cosas que más temía es que, con el estirón, me pusiesen en otra posición. Incluso de pívot».
Admirador del nuevo base de los Lakers, Steve Nash, y del histórico John Stockton, con Air Jordan como «el mejor jugador de la historia», Javier ha chupado en la televisión muchas horas del mejor baloncesto desde la década de los 80. Más «de la NBA que de la ACB», en España se queda con Navarro y Sergio Rodríguez.
Desde que llegó a los entrenamientos del E. Otero «cada semana aprendo cosas nuevas. Una cosa que haces en juveniles, con ellos -los hombres de Casal- te cuesta cinco veces más. Es impresionante verlos trabajar».
Con el baloncesto ocupando hasta sus horas de videojuegos, Javier desconoce su horizonte. A falta de vivir el futuro, «estaría contento jugando en la EBA. En el Xuven, por supuesto».
mirando al futuro Javier cal muñiz