Las urnas no han dicho lo mismo en Galicia que en Vigo. Ni mucho menos. Se confirma que el Partido Popular tiene un serio problema en esta ciudad, que ya le dio la espalda en las municipales. En contra de la tendencia general, aquí Feijoo no solo no convence al electorado sino que pierde cada vez más apoyos. Parece evidente que los conservadores tendrán que replantearse las cosas más pronto que tarde e iniciar un nuevo proyecto a nivel local.
Abel Caballero también tiene un problema, pero menor que el de sus rivales. Los vigueses castigan al PSOE aunque le permitirían mantener la alcaldía en un hipotético tripartito de izquierdas. El alcalde vigués, que quizás se alegró anoche del batacazo de Pachi Vázquez, no ha evitado la sangría socialista y debe tomar nota porque se abre un nuevo escenario en la ciudad, con un potencial socio mucho más incómodo para él.
Efectivamente, la nota más destacada de las elecciones en Vigo es la irrupción de Alternativa Galega de Esquerdas. El tremendo apoyo logrado por el frente de Beiras es una bofetada en toda regla a la política que viene practicando en el Concello el BNG, al que ha duplicado en votos. Son más de 28.000 vigueses que no comulgan con Caballero ni con sus comparsas.