La eterna refundación del BNG

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

GUSTAVO RIVAS

El nacionalismo ahonda en su caída electoral mientras pierde referentes

02 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La estabilidad de la que era hasta hace apenas once días la fuerza hegemónica del nacionalismo gallego se resquebraja. La falta de autocrítica tras cada varapalo electoral, la pérdida constante de los principales referentes, la radicalización de los segmentos más próximos a la UPG y a sus juventudes, Galiza Nova, y el distanciamiento de los verdaderos problemas de los ciudadanos coruñeses no hacen más que aumentar la brecha del Bloque. Y, por consiguiente, la constante caída de apoyos en cada cita con las urnas hasta convertirse en la cuarta fuerza política de A Coruña, con apenas el 7,6 % de las papeletas emitidas en los últimos comicios autonómicos.

¿Cuál es el suelo electoral del partido en la ciudad coruñesa?

Desde que en 1982 el Bloque se constituyó como frente en el Palacio de los Deportes de Riazor, la organización nacionalista no paró de crecer en apoyos. En las municipales de 1983 lograron 5.915 que significaban el inicio de la travesía del desierto tras el castigo a la coalición frentista por el papel de su entonces cara más visible -llegó a ser alcalde-, Domingos Merino, en el proceso de traslado de la capitalidad a Santiago. Cita a cita, el BNG fue ganando apoyos. Tardó doce años en colocar un edil en María Pita (1995, 10.735 papeletas). Era Henrique Tello, que ocupó asiento en el Consistorio hasta el 2011. Lejos de suponer una etapa de tranquilidad y consolidación, Tello siempre fue visto con recelo. Chocó con el entonces líder del Bloque, Xosé Manuel Beiras, y con las estructuras de poder del BNG. Pero contaba con una sólida legión de afines que convertía cada reunión interna en una batalla frente al intento de radicalización de las posturas del Bloque en la ciudad. Con la moderación por bandera, pasó a 15.460 votos en 1999 a 28.382 en el 2003, en el mejor registro conseguido por el partido en la ciudad. Cuatro años más tarde, redujo a 24.415 las papeletas con su nombre en las urnas, pero consiguió mantener los seis ediles y reconquistar, por fin, un puesto en el gobierno local coruñés. Dos años después, en las autonómicas del 2009, el descenso ya se hizo vertiginoso. Solo 18.679 personas (un 14 %) votaron al Bloque. Tres años y medio después, la organización frentista ha caído a 9.270 votos y un exiguo 7,6 %. Poco más que en 1991.

¿Por qué se va de la corporación Xoán Martínez Cajigal?

Oficialmente, se trata de razones de carácter estrictamente personales que en nada tienen que ver con la oleada de «dimisiones preventivas» que fuentes próximas a la investigación de la operación Pokémon auguraron hace algunos días para varios municipios gallegos. «Quedou moi sorprendido pola pregunta que lle fixeron sobre a súa suposta vinculación á Pokémon. Non ten nada que ver con iso. De feito, non entendía nin sequera que lle preguntaran», confesaba ayer una portavoz del Bloque. Según la línea oficialista, Cajigal ya tenía decidido dejar el grupo municipal en el ecuador del mandato desde hace meses. «Xa llo dixera a Xosé Manuel Carril -el portavoz municipal-, que estaba desganado e con pouca ilusión», confirman otras voces consultadas. Sin embargo, el momento elegido no ha hecho más que disparar las suspicacias. El edil mantuvo su agenda normal de trabajo hasta el último minuto. Y el BNG coló en el Registro Municipal pocos segundos antes de su cierre el miércoles la petición de incluir su cese en el orden del día del pleno del lunes, apurando al máximo los plazos de una decisión supuestamente tomada hace meses y consensuada con la actual dirección local.

¿Qué trascendencia tiene la salida del grupo de este edil?

Cajigal llegó a la primera línea de la política desde el movimiento vecinal, donde presidió la asociación de la Ciudad Vieja. Antes de las municipales del 2007, cuando la división entre radicales y moderados del Bloque ya avanzaba hacia la ruptura, encabezó la candidatura alternativa promovida contra Henrique Tello por los sectores afines a la CIG. Tras un bronco proceso interno, Cajigal perdió la pelea por el liderazgo en una tensa votación resuelta por apenas siete votos. Las dos corrientes pactaron repartirse los puestos de salida de la lista electoral. Tello, Margarita Vázquez y Mario López Rico ocuparon el 1, el 3 y el 5 y María Xosé Bravo, Ermitas Valencia y el propio Cajigal fueron el 2, 4 y 6 como representantes del ala más dura. Cajigal salió concejal y ocupó el área de Deportes durante cuatro años. En el siguiente proceso interno, se temió durante muchas semanas por su futuro en las listas del Bloque. Según sus próximos, ya entonces barajó dejar la primera línea de la política. No lo hizo y salió elegido por un escueto margen de apenas ocho votos. Por su situación personal, era el único miembro del grupo nacionalista que recibía una retribución pública como liberado, concretamente, una dedicación parcial. Tras algunos despistes en los primeros meses del mandato por parte de algunos compañeros del grupo, Cajigal afianzó su posición y se convirtió en uno de los principales apoyos de Carril.

¿Por qué renunciaron otras dos personas a ocupar la vacante?

Ese es otro de los grandes misterios que rodea la salida de Cajigal. Avia Veira ocupaba el séptimo puesto de la lista, fue la candidata más joven al Senado en el 2008 y ocupó diversos puestos de responsabilidad en el entramado nacionalista, desde los movimientos universitarios hasta las juventudes del Bloque. Pero antes que ella se encontraban Olga García y Gonzalo Flores, lo dos funcionarios, aunque la primera recientemente jubilada. «Era xente con unha vida política moi pouca activa e seguro que preferiron sangue novo», afirman algunos militantes del Bloque. Los más críticos opinan que se trata «de pagar de algunha maneira á xente que sigue traballando para o Bloque. Os outros dous xa teñen traballo», afirman esas fuentes. Sobre este tema tampoco hay versión oficial.

¿Será el último abandono del grupo?

El hermetismo de la organización nacionalista hace muy difícil predecir sus siguientes pasos. Pero dos son las personas que podrían dejar la coalición frentista. Ermitas Valencia cumple su tercer mandato en María Pita, con escasa relevancia, mientras que María Xosé Bravo, que aterrizó en el Bloque coruñés con la etiqueta de quintanista, tampoco goza de demasiadas simpatías en la cúpula de la UPG.