Es correcto: la huelga general del 14-N no servirá para solucionar la crisis. Lo dice la Confederación de Empresarios de Pontevedra y tiene razón. Pero no se convoca para arreglar las cosas. Sino, precisamente, para gritar que no se está adoptando ninguna solución. Es más, todas las medidas que se acometen en los últimos años, con dos gobiernos distintos, nos están llevando a un desastre.
No hay que ser un revolucionario ni un antisistema para verlo. Lo dicen premios Nobel de economía, como Paul Krugman. Lo dice un multimillonario como George Soros. Y lo dice la gente en la calle, de todas las simpatías políticas. Este camino es equivocado. Nos aboca a una hecatombe.
Se ve que nuestros gobernantes no saben ni siquiera quién fue Roosevelt ni qué, el New Deal. Nos hace falta algo así, un plan para crecer y no dejar a la gente en la miseria. Basta pasearse por la calle y ver los comercios para entender la magnitud de la tragedia. No hay clientes y muchos solo tienen una duda: cuál será el límite para echar la verja. ¿Cuánto tendrán que perder para que llegue el día de cerrar? Vamos en Vigo a once desahucios de viviendas por semana. La Fundación Banco de Alimentos dio de comer el pasado año a 130.000 personas en la provincia. Y volverá a batirse el récord.
Lo asombroso es que apenas haya disturbios. Y que tanta gente aguante. Por eso hay que entender una huelga. Que no arreglará la crisis. Pero de alguna forma habrá que pedir que esto cambie. Y que lo haga antes de que sea demasiado tarde.
Las recientes palabras del Rey en la India lo dejan todo muy claro. Cómo estará el panorama para que alguien a quien sólo han recortado el forfait en las pistas de esquí de Baqueira, confiese que dan ganas de llorar.