Aunque en Galicia es un deporte minoritario, el rugbi suma cada vez más adeptos. La teoría de los ensayos, los placajes y las transformaciones se va haciendo un hueco en el universo del deporte, un mundo sumiso a la dictadura del fútbol.
La leyenda cuenta, después de todo, que el rugbi se gesta en el deporte rey. Ocurrió en 1823 en la ciudad inglesa de Rugby -de más de 60.000 habitantes- cuando un chico que jugaba un partido de fútbol, cogió el esférico con la mano y corrió enloquecido hasta que atravesó la línea de fondo del rival y posó el cuero sobre el suelo. Su despreció por las normas del balompié acabó dando forma al deporte que hoy dominan Gran Bretaña, varias de sus excolonias, especialmente Nueva Zelanda y Australia, además de Francia e Italia.
Apuesta por la cantera
El balón ovalado aterrizó a orillas del río Lérez a finales de la década de los 80 con la fundación del Mareantes. Sin embargo, criterios dispares en el seno del club sirvieron de embrión para producir los primeros ensayos y las primeras melés del Pontevedra Rugby Club. «No había o no percibíamos interés por la cantera y empezamos de cero», precisa Félix Álvarez, presidente del Pontevedra Rugby Club.
En sus inicios, que datan de marzo del año 2009, el club contó con solo 15 chicos, pero desde entonces los placajes han crecido exponencialmente. El club cuenta en la actualidad con diez equipos y defienden sus colores cerca de 150 jugadores.
Casi tres años después, el Pontevedra cuenta con formaciones en todas las categorías: linces (5 y 6 años), jabatos (hasta 7 años), prebenjamín (8 años), benjamín (8 y 9 años), alevín (sub-12), infantil (sub-16), cadete (sub-18), juvenil (sub-20), júnior y sénior.
Aunque los planteles más pequeños compiten en las denominadas concentraciones, los campeonatos gallegos comienzan a partir del equipo sub-16. Alberto Fernández es el director deportivo del club lerezano. Además, entrena a los cadetes y a la base hasta los prebenjamines. El sub-16 que dirige César Zuazua se estrenará la próxima semana ante el Crat Coruña.
Todos viven entre ensayos y melés circunscribiéndose a las 22 leyes que regulan las normas en el terreno de juego. De hecho, el secreto mejor guardado del rugbi se basa en su capacidad innata para enganchar a los más pequeños. Si uno se lo piensa bien, simplemente los más pequeños se dejan seducir por la lógica aristotélica.
El escenario es idóneo: Un niño se hace con un balón y corre para que no lo atrapen los otros niños, y estos a su vez, corren para tirar al suelo al pequeño con el balón entre sus brazos. «Casi ningún niño deja este deporte después de probarlo», sostiene Félix Álvarez. «Imagínate la de energías que consumen jugando y entrenando».
Y al contrario de lo que piensa la gente, el rugbi, alega Álvarez, no es un deporte violento. «Todo lo contrario, esto no es un deporte de contacto. En realidad es de evasión», matiza el máximo responsable del club pontevedrés. «No hay más ni menos lesiones que en otra disciplinas», explica Félix Álvarez, para añadir que antes de dedicarse al balón ovalado jugó al balonmano y practicó atletismo.
«Logramos ir captando a chavales para ser lo que somos hoy», sentencia Álvarez.
desde la base. rugbi