Con 17 años y 1,95 metros de altura, el juvenil Carlos Pombo ya debutó con Javier Barrios
02 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Como manda la tradición en la parroquia pontevedresa de Xeve, Carlos Pombo comenzó en el mundo del deporte jugando al fútbol sala. Es una ley no escrita, pero el club A.R. Xeve es la gran primera escuela de los más pequeños. Era feliz marcando goles sobre el parqué con los pies. Sin embargo, su vida cambió «cuando bajé al Xunqueira I» para empezar a estudiar primero de la ESO.
En las aulas del recinto educativo, pronto se toparía con un profesor de Educación Física y entrenador de balonmano que le guiaría el camino. Se trataba de Jaime Simón, quien pronto se percató de las cualidades de Carlos Pombo, unas habilidades propicias para practicar una disciplina con gran arraigo y tradición en Pontevedra: el balonmano.
Al joven pontevedrés de 17 años le quedaron grabadas las palabras que, días más tarde, le pronunció Jaime Simón. «Me dijo que era un diamante en bruto para el balonmano, pero que era un diamante que había que pulir», recuerda Carlos Pombo, ahora juvenil del Teucro.
El profesor y entrenador le afirmó que con su físico -medía más de 1,80 con 14 años, ahora alcanza los 1,95 metros- y con trabajo duro y continuo llegaría lejos en este deporte.
Al principio, era una causa perdida. «No me convenció en absoluto eso del balonmano», señala. Sin embargo, la guerra no estaba perdida. Quedaba una última batalla por librar. Le obligaron a presenciar un partido en el que jugaba su primo, el también teucrista Alejandro Pombo.
Fue un enfrentamiento del equipo cadete. El entrenador, Chan, le aseguró a Carlos Pombo que «si no iba a entrenar, que tampoco apareciese por allí mi primo». Ante ese escenario, el joven lerezano no quería convertir a su primo en un daño colateral de su decisión.
Duros inicios
«El primer entreno fue raro, además. Los compañeros me veían mal», relata el lateral derecho del Teucro. «Ese día solo hablé con Jaime (Simón). Me sentí extraño».
Todo cambió después de varias sesiones. «El ambiente del equipo acabó ayudándome para engancharme al balonmano», añade. «Y ahora resulta que muchos de los que no me hablaban al principio se convirtieron en mis mejores amigos». Jaime Simón ya le había vaticinado que la situación cambiaría, que pronto se sentiría uno más en el equipo. «Estaba muy contento con el fútbol, pero con el balonmano es una ilusión», apunta. «Con el cambio de deporte, mi madre ya me dijo que pasaría lo que sería mejor para mí». Así fue. «El balonmano cambio mi vida», manifiesta.
Debut
Después de unos años en las categorías inferiores del Teucro, su debut con el primer equipo llegó la pasada temporada de la mano de Javier Barrios. Además, sus primeros minutos en competición oficial se produjeron durante el derbi provincial entre el Teucro y el Mecalia Novás.
Esta temporada, Carlos Pombo también disfrutó de minutos en División de Honor plata. Jugó aproximadamente diez minutos en el choque de la semana pasada contra el Ereintza en el Pabellón Municipal. No marcó goles, «pero sí que lo intenté, ya que tiré varias veces a portería».
Carlos Pombo defiende la elástica del Teucro juvenil, aunque también entrena con la primera plantilla. Dispone de poco tiempo libre, pero tiene muy claras sus prioridades. Sus estudios y el balonmano. «Si hay que quedar sin dormir unas noches, pues se queda», subraya. «Tengo que estudiar, pero no puedo quitarle tiempo tampoco al balonmano».
Carlos Pombo ya no se imagina su vida sin balonmano. «Esto es a lo que me quiero dedicar en el futuro», matiza. «Me encanta jugar de lateral derecho». Se mira en el espejo de jugadores de la talla Michael Hanssen y Laszlo Nagy, ambos del Barcelona.
El joven agradece el apoyo de su familia en su apuesta por este deporte. «Mis padres y mi hermana me han apoyado y ayudado -señala-. Tuve momentos muy duros, de mucho sacrificio».
También hubo fines de semana sin amigos, sin salidas, sin risas. Si hubiera más horas en el día, Carlos trataría de hacer surf, estudiar inglés y tocar la guitarra. Pero hay que elegir, y no lo duda. «No hay un día en el que no tenga balonmano en mi vida», afirma. «Esto es lo mío, es mi pasión».
carlos pombo jugador de la sociedad deportiva teucro