El neuropsicólogo Jorge A. Herrera explica que la combinación de un traumatismo y la ingesta de alcohol puede desencadenar el síndrome de descontrol episódico, del que nadie está libre
22 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Lleva cuarenta años escudriñando el cerebro, surcando los vericuetos de la mente humana, que gobierna tanto lo bueno como lo espeluznante. Enemigo de la pena de muerte, buena parte de sus investigaciones se han centrado en individuos condenados a la pena capital en prisiones de los Estados Unidos. El doctor en Medicina y neuropsicólogo Jorge Alfredo Herrera-Pino (La Habana, Cuba, 1946) ha participado esta semana como ponente en dos másteres de la Universidade de Vigo y dice que despertar a la bestia que llevamos dentro es algo de lo que ninguno estamos libres.
Desde el Neurobehavioral Institute of Miami, del que es fundador y presidente, trabajan con individuos «que han cometido un acto [resalta lo de un] en el que alguien ha muerto, pero que no son personas con dilatados historiales de crímenes». Fruto de esa investigación, Herrera habla de la presencia del Síndrome de Descontrol Episódico, en el que coinciden varios factores.
«El síndrome se sufre después de que una persona haya sufrido un traumatismo craneoencefálico de importancia y continúe con la ingesta de bebidas alcohólicas, pero no el alcohol que te puedes tomar con el vino de la cena -explica- sino alcoholes destilados, licores y whiskis». La combinación no puede resultar peor: una parte del cerebro denominada amígdala, que es la que maneja las conductas de ira y de agresividad irracionales, las reacciones emocionales, deja de estar controlada por el lóbulo frontal. El doctor Herrera documenta casos en los que la persona condenada a muerte por un asesinato no era, en absoluto, dueña de sus actos a causa de los efectos derivados de este Síndrome de Descontrol Episódico.
El especialista trabaja actualmente en un expediente especialmente interesante en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico. La Fiscalía lo ha llamado como perito para que evalúe a un individuo al que se atribuyen múltiples muertes y para el que el Gobierno Federal pide la pena capital. «Hay un dictamen del Tribunal Supremo de los Estados Unidos que prohíbe que se ajusticie a una persona con retardo mental, cosa con la que estoy perfectamente de acuerdo», dice.
Y aunque siempre ha trabajado del lado de la defensa, su informe en este caso es favorable a las tesis de la acusación. «Lo que no se puede pretender -dice- es que se use este síndrome como una especie de excusa para mitigar la culpa de un criminal». Jorge Alfredo Herrera es firme, no obstante, en su rechazo a la pena capital, «que no resuelve nada y que siempre está sujeta al error humano».
-¿Todos llevamos dentro un asesino en potencia?
-Podría decirse. Hemos evaluado a personas perfectamente normales, como un agente de la DEA que acabó metiéndole seis tiros a su compañero. Hay varios cerebros en el cerebro humano y el control y la regulación se ejercen de arriba hacia abajo. Hay experimentos en los que la estimulación de la amígdala convertía a un gatito en un león de la Metro.