Esperanza e ilusión

Alicia Fernández LA SEMANA DE...

FIRMAS

30 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Cae el telón sobre el 2012. Y si hay una sensación generalizada en la sociedad es que acaba incluso peor de lo que empezó, lo que por otra parte era previsible.

La crisis económica -sí, aquella que ya tocaba fondo hace un par de años- sigue enquistándose sin que nadie nos haya explicado muy bien el por qué de su existencia, su dimensión y mucho menos las razones de su persistencia. Ni el Gobierno anterior ni el presente han aportado luz sobre el asunto, sobre todo a aquellos que sufren las consecuencias en su cara más inhumana y despiadada ¡Qué les voy a decir de ofrecer soluciones y ayuda a los más necesitados!.

Los políticos, tan dados a la incontinencia verbal, aquí son parcos en palabras. Silban con desvergüenza insultante mirando al cielo. O se inventan batallitas del abuelo Cebolleta para eludir sus responsabilidades. Es denigrante que con el vendaval que azota nuestro estado de bienestar, con recortes en educación, sanidad, investigación o pensiones; cuando tenemos que repagar servicios que ya abonamos vía impuestos o cuando algunos ciudadanos se suicidan ante la pérdida de su vivienda y otros muchos pasan hambre, los partidos políticos sean incapaces de ponerse de acuerdo en algo.

Ahora el mundo de la corruptela política quiere alumbrar el de los tecnócratas programados, huir de la sartén para caer en el fuego. En él toda humanidad se supedita a cifras. Estos imbéciles digitales no respetan el valor de las personas y su primacía sobre lo demás. Ante tan triste panorama, el conjunto de la sociedad ha tenido que tomar cartas en el asunto.

Con un aplomo y responsabilidad que para sí quisieran los gerifaltes del país, la conciencia ciudadana ha tomado dos caminos. Por una parte está saliendo a la calle, cada vez más, para pedir un cambio de rumbo en el fondo y mayor sensibilidad en las formas. Por otra -ante la espantada de aquellos que deberían solucionarlo- se ha echado el problema a la espalda y ha sacado a relucir su cara más comprometida y generosa, aportando consuelo y ayuda básica a sus vecinos. Sería largo enumerar la cantidad de actos altruistas que a diario se conocen, imposible si sumamos los anónimos. Un ejército silencioso, pero efectivo, que regala el bálsamo que los poderes públicos y el poder económico niegan.

Con eso me quiero quedar, es el titular que guardaré del año 2012. Lo que no quiere decir que oculte o borre de mi mente las tropelías y las mentiras. Simplemente me niego a que los bastardos y demagogos constituyan el recuerdo principal de un año de mi vida, tan única como valiosa. A estas alturas de la película llamada España solo confío en esas personas valientes, a las que dedico todos los artículos del año. Porque en medio de esta tempestad son el faro de esperanza e ilusión que se enciende en el horizonte. Les deseo que en el próximo año y en los sucesivos su generosidad les sea devuelta, multiplicada por mil, en salud y suerte. Es lo que hay, es lo que cuenta: entre todos podemos hacerlo, entre todos debemos hacerlo. Feliz 2013.