«Vivimos metidos no río, xa o sabemos, pero si estuvera máis cuidado, máis limpo, e houbera menos recheos ao mellor os danos eran menos». Quién así habla es María Esther Docal, vecina de Landrove donde regenta un establecimiento de ultramarinos y bar que sufrió el sábado los efectos que dejó el Gong a su paso por la comarca. Pasó veinticuatro horas pendiente del río, asegurando que «medo non, pero sí inquietude, non durmes pensando que vén a auga; a madrugada do sábado paseina co despertador sonando cada dúas horas para ver cómo ía subindo o nivel da auga. E logo, cando se vai, traballar ata a extenuación para limpar e colocar todo de novo».
María Esther, al igual que los veinte vecinos de este barrio de Viveiro afectados por la crecida del Landro, aún evaluaba ayer los daños, y atendía a los agentes de la aseguradora. Fregonas, deshumidificadores, ventanas abiertas para secar la humedad....la imagen se repetía en varias de las viviendas que sufrieron el impacto del agua pese a colocar las contrapuertas de metal para hacer de barrera al río.
«Desta vez casi subeu sesenta centímetros, dous pasos da escaleira que da ao segundo piso, portas que non abren, mercancía que houbo que ir retirando según vías que ía chegando a auga», explica Esther. Asegura que en esta ocasión, al igual que en la riada que asoló las casas, el agua «subeu rápido pero estuvo moito tempo, non baixa coa rapidez de antes que subía, estaba dúas hora se retirábase». Clientes del bar que regenta explicaron que el agua arrastró «troncos gigantes», e insiste en que debería «facerse algo, poñer coto, porque o río está sucísimo, moi atrancado».