Una niña reclama tanto reconocimiento para los médicos como para los futbolistas en una carta de agradecimiento
02 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Lucía tiene 12 años. No sabemos si escucha a los One Direction, cómo le va en el cole, qué piensa de los piercings o si las mariposas ya le han empezado a hacer cosquillas en la tripa. Pero tiene 12 años. Tan bien cumplidos que acumula la madurez de alguien que, a tan corta edad, ha pasado ya cuatro veces por el quirófano. Ayer recibió el alta en el materno infantil Teresa Herrera dejando tras de sí algo más que el respiro por poder dejarla irse entre quienes la han conocido durante su estancia. Su familia, celosa de su vida y sobre todo de la de su hija, prefiere no entrar en detalles, pero ha accedido a uno de sus deseos. La pequeña, de Lugo, habló mucho con sus médicos y guardó un regalo de despedida para su cirujano, su cardiólogo y todo su equipo. De no ser por ellos «no estaría aquí», asegura, y no ha querido salir del centro sin hacer pública una carta que, más que reflejo de un agradecimiento sincero como la infancia, es toda una llamada de atención.
«Yo soy una enferma de corazón», empieza su carta. «Desde un hospital se ve algo más de lo que muchas personas pueden ver», añade. Entre ellas, algunas que a Lucía le plantean algunas preguntas poco comunes para quien, en otra situación, estaría pensando quizá en de qué disfrazarse con sus amigas. Ella se pregunta «cómo mi cirujano puede dormir por las noches» pensando en los niños que, también como ella, «se juegan la vida». Y Lucía se contesta: «Me diréis que es lo que ha elegido y puede dejarlo cuando quiera. ¿Qué pasaría si lo hiciera? Yo lo sé muy bien porque si lo hiciera, yo no estaría aquí».
«Quiero abriros los ojos»
Solo la letra que los años aún no han dado tiempo a deformar, los tachones de la escritura repensada, acaso la escasa puntuación, darían pistas sobre la corta edad de tantas reflexiones, como la propia Lucía las define. Porque el mensaje tiene fondo, poco común en 12 años, y también intención declarada: «Quiero abriros los ojos para que veáis el gran trabajo de los cirujanos que poca gente lo valora como se merece y que veáis el gran peso que tienen encima todos los días».
Para la niña, en esta redacción de cama de hospital, es sorprendente la falta de relumbrón y reconocimiento para los que considera sus salvadores «porque cualquier jugador del F.C. Barcelona o del Madrid se echa novia o marcan un gol y al día siguiente ocupa una página». Por el contrario «un cirujano ha salvado un niño que iba a morir con una operación que nadie había hecho nunca y sale bien y solo se entera la familia», se queja.
El texto de la pequeña termina con conclusión propia y la firma de Lucía, quien opina que «la sociedad en la que vivimos debería reflexionar sobre lo que de verdad es importante». Ella lo sabe bien.