Prometen incendiar los escenarios gallegos y quién sabe si los del resto de la galaxia. Dos vigueses descarados, muy descarados, casi desvergonzados, proponen un regreso a la música ligera. Aquella música que no provocaba pesadas digestiones ni una sobreactuación neuronal. De ahí su nombre. Tony Lomba y Manuel Manquiña proponen Música ligera. Sin complejos. Aparentemente como una reivindicación de una época en la que muchos quisieron conquistar Las Vegas, pero tuvieron que contentarse con malvivir en Torremolinos. Ambos lugares igual de horteras, pero en el primero se puede fumar.
Estos dos vigueses estrenarán el próximo viernes en A Estrada su espectáculo, pero ya piensan en su desembarco en Vigo el 23 de marzo. No en vano, en su ciudad natal arguyeron sus posibilidades escénicas hace un par de años, cuando presentaron la noche de la música viguesa en el auditorio de Castrelos.
Ahora, proponen una combinación de música y teatro. Chico bueno y responsable, Manuel Manquiña, trata de pulir a un diamante en bruto, Tony Lomba, perdido como Bardem, en Huevos de oro, en Benidorm. Pero en esa reivindicación aparece inevitablemente la música ligera de ropa que tanto adora Tony Lomba. Esa querencia irrefrenable hacia el lado salvaje que tiene el «exsudamaricón», que le hace todavía más desvergonzado. Y ambos vestidos con sus elegantes trajes de mafioso italiano de Nueva York.
Manquiña y Lomba, Lomba y Manquiña parodiando una época no tan lejana. Una época de pantalón de campana y banda sonora de Nino Bravo, de la que solo se echa en falta la edad que entonces teníamos. Nada más. Una época hacia la que regresamos a pasos más acelerados de los que nos tocó salir en su momento. Disfrutemos de la parodia de Manqui y Tony. La realidad será más dura.
Manquiña y Tony Lomba proponen una parodia de los setenta
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