La otra obra maestra que Monforte perdió para siempre

Francisco Albo
francisco albo MONFORTE / LA VOZ

FIRMAS

ANTONELLO DA MESSINA

El convento de Santa Clara guarda el rastro de un cuadro de Antonello da Messina

28 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Los cuadros de El Greco del Colegio del Cardenal -ahora en una exposición en Tokio- no son las primeras grandes obras artísticas que salen de Monforte para ir a parar muy lejos. Algunas se fueron para siempre, como la célebre Adoración de los Reyes de Hugo van der Goes, vendido a principios del siglo pasado a un museo de Berlín. Menos conocido es el caso del Cristo muerto sostenido por un ángel, del pintor renacentista italiano Antonello da Messina, que se exhibe desde 1965 en el Museo del Prado. Según todos los indicios, esta obra fue propiedad del séptimo conde de Lemos, Pedro Fernández de Castro, y estuvo guardada durante cerca de dos siglos en el convento monfortino de Santa Clara.

La procedencia monfortina de la pintura ya fue sugerida por Xavier de Salas, entonces subdirector del Museo del Prado, cuando esta institución adquirió la obra hace 48 años. El cuadro fue comprado a un particular de Irún que lo había heredado de una abuela suya, llamada Rosa Mendiluce. Esta, a su vez, se lo adquirió en 1881 a Matías Yáñez Ribadeneira, vecino de Monforte y conocido por ser el fundador del pazo de Antero.

De Salas pensó que el cuadro podría haber pertenecido a la colección privada del cardenal Rodrigo de Castro, como los Grecos y la pintura de Van der Goes. Pero en tiempos recientes la historiadora monfortina Manuela Sáez localizó en el archivo del convento del Santa Clara algunas referencias que indican casi con total seguridad que en realidad perteneció al séptimo conde y a su esposa Catalina de la Cerda y que fue custodiado por esta comunidad religiosa.

Atribuida a Durero

Sáez, que publicó un trabajo sobre este asunto en el Boletín del Museo del Prado, señala que en un inventario realizado en 1633 de las obras artísticas pertenecientes a la condesa -entonces ya viuda y monja de este convento- aparece esta referencia: «Una pintura de Cristo muerto en el sepulcro con un Angel llorando. Original del Durelo con su Moldura y caxa guarnecida con muchas piedras que le presentó el Cardenal Aldrobandino». El Durelo que menciona el texto es el pintor alemán Alberto Durero, al que se atribuía la obra. En cuanto a Aldrobandino, Sáez cree que se trata del cardenal Pietro Aldobrandini, personaje de gran importancia en la política de la época que en 1615 fue huésped del conde cuando este era virrey de Nápoles.

La historiadora encontró también referencias a seis pinturas atribuidas a Durero en unos inventarios de la colección de obras de arte del cardenal redactados en 1603 y 1611. Una de estas pinturas, a su parecer, debía de ser el Cristo muerto de Messina, que Aldobrandini pudo regalar a los condes en su visita a Nápoles, ya que «el intercambio de presentes era muy habitual en aquella época para conseguir prebendas y fomentar las relaciones diplomáticas».