Religión y vuelta al pasado

Alicia Fernández

FIRMAS

31 mar 2013 . Actualizado a las 08:00 h.

He de confesarles que me desconcierta y sorprende el fervor desatado en los últimos tiempos por organizar actos religiosos durante la Semana Santa en la comarca. Antes de nada, dado que el asunto es propenso a la demagogia, dejar claro que esa realidad no me molesta, estorba o causa desvelo; es una simple y personal valoración del hecho. Me desconcierta porque la religión y su práctica está más ligada al interior de las personas, a la reflexión y meditación, que a la exhibición pública. En todo caso se me antoja alejada de las alharacas, fastos y pasos suntuosos como los del sur de España; que parecen querer imitar.

Me sorprende porque muchas personas que demuestran un fervor desmedido -véanse las escenas de llanto ante la imposibilidad de salir si llueve- durante el resto del año apenas son practicantes. Su vida y obras no parecen muy cercanas a la fe católica o que estén iluminadas por ella. Opinión aparte me merecen aquellos actos que recrean pasajes de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. No estamos ante una exhibición pública de fe por parte de un grupo de personas, es el relato de unos hechos, interesante desde el punto de vista pedagógico. Aún así, tanto en un caso como en otro, sin duda son expresiones muy respetables y que atraen a numeroso público.

Ya desde el punto de vista más laico, la Semana Santa es también un buen termómetro para medir la crisis. En Barbanza, como en el resto del país, por estas fechas los hoteles se llenaban; lo que representaba un balón de oxígeno en el largo invierno gallego. Sin reserva previa era imposible comer en muchos restaurantes. España entera se echaba a la carretera y Portugal sufría una invasión española. Incluso llegaron a ser muchos los que realizaban viajes a las islas Canarias, las Baleares, Marruecos o Túnez. Este año ha sido bajo el nivel de ocupación y los restaurantes no se vieron con grandes apuros para cubrir la demanda. Estamos en crisis y en general se ha optado por menos desplazamientos, más cercanos y muy aquilatados en el presupuesto.

Me lo resumía un amigo propietario de un restaurante: «¡Dónde van las parrilladas de marisco y los vinos caros! Ahora no salimos de la ensalada, el churrasco, los calamares y el albariño de cosechero». Cuando no se opta por las medias raciones y el agua. O el menú del día si no lo retiran estas fechas. Estamos en un país en crisis y nuestras costumbres vuelven a los setenta y ochenta, años en los que el gasto todavía se medía. Parece que esta regresión será duradera, a pesar de que los políticos llevan viendo brotes verdes y luces al final del túnel desde hace años. Que hemos de acostumbrarnos a las estrecheces. Otro problema es que una se puede apretar el cinturón, si lo tiene, y por desgracia cada día son más las personas que carecen de él. A pesar de todo, si hemos conseguido durante estos días festivos desconectar, olvidarnos de los quebraderos de cabeza diarios, la Semana Santa habrá sido útil. Con o sin fervor religioso.