«Venir fue una sabia decisión»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

monica ferreiros

Indica que el cambio de Santiago fue «una eclosión» entre 1998 y 1995

29 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Morato Miguel

Ingeniero, ex director del PAM y ex director xeral de Obras Públicas de la Xunta

Rincón

San Domingos de Bonaval, porque es un parque precioso y me encanta especialmente la zona de las lápidas. Además he puesto mi grano de arena en esta obra.

Cuando Manuel vino a Santiago en 1968 para iniciar su andadura universitaria, que luego desarrollaría en Madrid, el campus compostelano era un hervidero de propuestas, demandas, movilizaciones, encierros y anhelo de una nueva sociedad. «Fue una época muy interesante, intensa y abierta a la vida», dice.

Al finalizar su periplo universitario, Morato trabajó en una empresa que hacía centrales nucleares. ¿Sí a las nucleares? «Es complicadísimo». España depende de los fósiles y las energías renovables constituyen una solución parcial: «Se hace obligado reflexionar sobre el modelo productivo y la conducta social, bucear muy a fondeo en estos temas, porque la solución es difícil».

Manuel decidió girar hacia el campo del urbanismo en 1981. Lo vio un mundo atractivo e interesante y en 1988 aterrizó en Compostela para erigirse en el primer director del PAM dentro del departamento de Luis Pasín: «Fue una de las mejores decisiones que tomé».

Desde los pequeños detalles de la ciudad, urbanos y rurales, hasta los grandes polígonos públicos y privados, desfilaron por el despacho técnico de Morato, que vio emerger una urbe nueva: «Santiago hasta la llegada de la democracia parece que no había entendido que la ciudad es para que sus habitantes puedan vivir, tener empleo, disfrutar de ocio y cubrir sus necesidades básicas»

Cuando llegó a Compostela «primaba el estudiante, el catedrático y los sectores eclesiales» y el nivel de exigencia de los ciudadanos «no era grande». Infraestructuras de todo tipo y condición brotaron en el casco urbano y en la periferia. «Fue una eclosión» dirigida por Xerardo Estévez. Santiago se hizo «más capital», más moderno. Recuerda Morato que en una ocasión entró en un ultramarinos de la zona de Feáns y se quedó alelado al ver que el local se alumbraba con una vela.

¿Valió la pena, pues, la inversión pública realizada? «Fue muy positiva, porque dotó a la ciudad de infraestructuras y equipamientos que no tenía». El milagro se consumó en el período 1988-1995. En ese tiempo, al frente del PAM, Morato cabalgó sobre el proceso en una ardua tarea de «planificar, ejecutar y bajar a la zanja».

Vertebrar Galicia

Con su bagaje municipal a cuestas, Manuel se mudó a las dependencias autonómicas: «No se puede estar a perpetuidad en un sitio». De vertebrar Santiago, a vertebrar Galicia. Le llegó la gran oportunidad con su nombramiento como director xeral de Obras Públicas de la Xunta. En el escenario de la planificación y el desarrollo viario, sobre su tapete se movieron rutas que Santiago veía con interés como las de Brión-Noia, Cacheiras, Barbanza o la autovía de Dozón a Ourense cuya empresa pública (Aceousa) presidió antes de ejercer como director xeral.

Su labor autonómica fue «extraordinaria y compleja», y no exenta de sinsabores, como la judicialización de contrato de la autovía del Barbanza. «Estoy muy satisfecho y muy orgulloso de todo lo que he hecho al frente de Obras Públicas y en los demás sitios», replica. Y no menos orgulloso se siente también de la comunicación y el trato que mantuvo «con muchas gente y muchos colectivos».

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