«Cuando no hay qué comer, el gran problema son los niños»

Nacho Mirás Fole

FIRMAS

06 may 2013 . Actualizado a las 15:59 h.

En esta red de bancos los pagos jamás se retrasan. Aquí, lo único preferente son las tripas vacías de 100.000 clientes gallegos que avalan su solvencia con el día y la noche. Cuando José Pita Chento (Hospitalet, 1951), deje la presidencia de los Bancos de Alimentos de Galicia, su pensión será también millonaria, pero en aplausos. Si un día sienten tentaciones de rescatar a un banco, rescaten a este.

-Catorce de calabacín, 34 de melones, 22 de pimientos... ¿Cómo acabó usted de contable de un banco... de alimentos?

-Yo soy laboralista y estoy jubilado. Empecé hace unos tres años como una delegación de la Federación Española de Bancos de Alimentos. No tenía ni idea de cómo iba esto, tuve que documentarme. El caso es que me enredaron. Ahora, en toda Galicia estamos atendiendo a unas 100.000 personas. En la provincia de A Coruña puede haber unas 25.000.

-Hasta que les dieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia no eran entidades demasiado conocidas...

-Es cierto, no nos conocía nadie. Si preguntabas a alguien quién le daba la comida te decía: «Cáritas, la Cruz Roja, la Cocina Económica...». Pero ¿quién abastece a esas entidades? Nosotros, los bancos de alimentos. Además de lo que distribuimos de los fondos de garantía agraria gallego y español (Fogga y FEGA), nos llegan decomisos y tenemos donaciones de grandes superficies.

-¿Y los grandes se portan?

-Muchísimo. Incluso nos preguntan qué necesitamos. [Mientras habla, sigue despachando alimentos y firmando albaranes]. Disculpa, te contaba que también gestionamos toneladas de productos que nos donan las distribuidoras con fecha de consumo preferente muy ajustada y que hacemos llegar allá donde se necesitan. Con un e-mail enviado a los 55 bancos que estamos en España, movemos lo que sea adonde sea. ¡Y más que hubiera! Doce mil huevos, por ejemplo: nos pueden durar dos días. Hoy estamos con frutas y hortalizas. Hemos contactado con todas las grandes cooperativas de Almería, que nos garantizan sus excedentes de fruta y hortalizas de octubre a febrero.

-¿Cuánto ha aumentado la demanda de la ayuda que prestan?

-Es terrible. Y cada vez la situación es más caótica. Antes conocías a las personas pobres, las tenías ubicadas. Ahora ya no se trata de alguien que está pidiendo en una esquina, ese perfil ha variado completamente y ya hay muchos pobres de corbata, personas de clase media y clase media alta que se han quedado sin nada, que no son capaces de pagar la hipoteca. ¿Y cómo cubres eso? Es un problemón.

-¿En las ciudades es peor?

-Mucho peor. En las aldeas los vecinos se ayudan. Si tienes una leira y plantas grelos, puedes ofrecer grelos. O huevos. Pero ¿qué haces en las ciudades? Aquí dependen de que aguante el colchón familiar. Y cuando no hay suficiente para comer, el gran problema, sobre todo, son los niños. Hay que protegerlos.

-¿En los bancos todos son voluntarios?

-Así es, no cobra nadie, ni yo, por supuesto. Incluso hemos puesto dinero. Para los gastos corrientes tenemos que buscar debajo de las piedras, dar sablazos a los amigos... Hay que pagar seguros, gasoil, esas cosas. Pero, gracias a Dios, hay mucha generosidad.

-¿Le gente es buena, Pepe?

-Buenísima. Cuando haces una operación kilo, conmueve ver que te llega un parado, te hace su donación y te dice: «No sé si mañana seré yo el que lo necesite».

-Aquí se constata lo mal repartido que está el mundo: tanto excedente de comida y, a la vez, tanta hambre...

-Lo decía nuestro presidente: utilizando toda la comida que se tira en el planeta, el problema no existiría.

nacho.miras@lavoz.es