La ciudad vibró con la visita en el año 1918 de Mulay Haffid, hermano del bisabuelo del actual rey de Marruecos
12 may 2013 . Actualizado a las 06:00 h.la bujía del domingo Por Eduardo Rolland
eduardorolland@hotmail.com
T odo eran nervios en Vigo el lunes 26 de agosto de 1918. Porque ese día se presentó en la ciudad el sultán Mulay Haffid, Gran Comendador de los Creyentes de Marruecos. Llegó acompañado de su séquito, que incluía un doctor personal, un paje y seis ayudantes. Calificado como «simpático» e incluso «bromista», se comentaba también su fama de «mujeriego». A la que contribuyó la presencia de su «terapeuta privada», la «masajista madrileña Señora Rebolledo», que no se separaba de él.
El sultán vino por unos días y se quedó más de un mes. Al alcalde, le regaló una daga de oro y marfil. El Ayuntamiento le ofreció una cena de gala en la finca de A Pastora. Visitó Mondariz y la isla de San Simón. Y, en resumen, Mulay Haffid, antepasado directo del actual rey de Marruecos, Mohamed VI, se convirtió en el vigués de adopción más buscado durante varias semanas.
En realidad, el sultán ya no era sultán. Al menos, oficialmente. Seis años antes, en 1912, había renunciado a su cargo para vivir en el exilio europeo a todo trapo. Marruecos quedó bajo protectorado francés. El cargo le había durado cuatro años, desde que, en 1908, derrocó a su hermano, el sultán Abd al-Aziz con la ayuda del bajá de Marrakech. Sin embargo, el interior del país se rebeló y Mulay Haffid no tuvo otro remedio que pedir ayuda a Francia. El general Moinier, con 23.000 soldados, lo liberó en 1911 cuando estaba sitiado en Fez. A cambio, el país quedó en manos de los galos, que dejaron a España otro protectorado en Tetuán.
Durante su mandato, se contaban del sultán Haffid las más terribles crueldades. A sus enemigos, los arrojaba a los leones que criaba en un recinto de su palacio. Es seguro que al menos el caudillo rifeño Rogí fue devorado por las fieras.
Pero, en 1918, cuando llega a Vigo, el sultán ha cambiado. Ahora es un exótico personaje de la vida social. Viajaba siempre acompañado de su séquito, ocupando varios lujosos automóviles. Y las revistas se maravillaban con sus vestimentas: «Lleva gorro turco, es alto, recio, corpulento, de un color moreno muy acentuado y de mirada dura y dominadora».
Era también poeta y publicó numerosos libros. Se dice que quiso modernizar Marruecos, aliándolo con el Imperio Otomano. Pero fracasó y fue el último sultán independiente, hasta que abdicó en su hermano Yusuf, bisabuelo del actual rey, Mohamed VI.
A Vigo vino de turismo. El gobernador militar, el general Fontana, se encargó del recibimiento. Fue trasladado al monte de O Castro para contemplar las vistas de la bahía. Y se le dio un paseo por la Alameda, entre los aplausos de los vigueses, vencidos por la curiosidad de ver a un señor tan exótico.
Acompañado de su séquito, se alojó en el hotel Moderno, en la Porta do Sol. Al día siguiente, fue recibido en la casa consistorial y visitó el Hospital Municipal, donde el cuerpo médico, presidido por el doctor Pérez Vioque, le ofreció «un té moruno». En correspondencia, Mulay Haffid entregó, como obsequio a la ciudad, un puñal morisco enteramente fabricado en oro y marfil. Se desconoce dónde terminaría un presente que, desde luego, en el Museo de Castrelos no está.
Por la noche, el sultán participó en una fiesta ofrecida por el ayuntamiento en la finca de A Pastora. Allí fue la gran sensación de la sociedad elegante viguesa. Nada se cuenta en los periódicos, pero en el diario La Vanguardia de unos meses antes, encontramos una crónica de su estancia previa en Barcelona. Que puede retratarnos la impresión que produjo Mulay Haffid en Vigo: «Las señoras católicas invitan a Hafid para que asista a sus fiestas (¡y quién sabe si esperan convertirle!), señalándole sitio de honor entre ellas; en el teatro le enfocan los gemelos femeninos, le agasajan los hombres notables, le festejan con canciones las artistas, y, por último, en la prensa -ya lo veis,- todos los cronistas nos ponemos de acuerdo para alabarle, teniéndole por nuestro amigo, ponderando sus acciones y testimoniándole nuestra desinteresada y entusiasta adhesión». Como vemos, una obra maestra del servilismo periodístico.
La comidilla de su séquito era la «terapeuta privada» que le acompañaba, que el Diario de Galicia de esa fecha identifica como «la masajista madrileña Señora Rebolledo». Se desconocen las dolencias musculares que afectaban al sultán. En los otros dos actos sociales de ese día en Vigo, no se debía hablar de otra cosa. Claro que uno era un concierto de la banda de música del Asilo de Niños Abandonados, institución con un nombre verdaderamente cruel. Y, el otro, la conferencia que pronunció el entonces cronista de la ciudad, Avelino Rodríguez Elías. Titulada Particularidades del Paraguay, poco podía competir con el sultán de Marruecos.
Sólo la victoria por dos goles a uno del Real Club Sporting Vigo sobre el Real Club Fortuna, en la final de la Copa de la Cruz Roja, pudo dar mejor conversación que nuestro protagonista.
Tras la gran acogida en Vigo, el sultán Haffid se desplazó al balneario de Mondariz, para tomar las aguas. Dos semanas después, gira visita turística a la isla de San Simón, acompañado de las autoridades locales. Y más tarde lo encontramos recorriendo Galicia o conociendo el santuario de Covadonga, en Asturias.
Para Vigo, la visita del sultán fue todo un acontecimiento. De la daga de oro y marfil, casi un siglo después, seguimos sin noticias.
Calificado como simpático e incluso bromista, tenía fama de mujeriego