El hijo del exjugador ACB Alberto Abalde es una estrella del Joventut
16 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La mutación de los genes de la familia de los Abalde produce baloncesto. El deporte de la canasta fluye por sus venas. Habita en cada célula de su sangre. Poseen dotes innatas para el arte baloncestístico. No en vano, Alberto Abalde, a sus 55 años, es una leyenda del básquet gallego. El vigués jugó cerca de 200 partidos en la máxima categoría del baloncesto en España. Con el Obradoiro y el Clesa Ferrol.
Su hijo, Alberto Abalde júnior, está perfeccionando la especie. Si nada se interpone en su camino, protagonizará su propia leyenda. Su progenitor habla como entrenador y no como padre. «Ha crecido bastante a nivel físico y de madurez», precisa Alberto sénior. «El día de mañana con esta progresión puede llegar a ser profesional del baloncesto», apunta.
Hoy en día son enemigos íntimos. Alberto padre es el preparador del Marín Peixe Galego. El hijo es una de las promesas del Fiat Joventut. Ambos conjuntos disputan el Campeonato de España Júnior que se celebra en Marín, Cambados y Pontevedra. La Voz juntó ayer a ambos, aunque cada uno marcaba su propio territorio. Uno es verdinegro y el otro peixe.
Las palabras del exalero ACB sobre Alberto no son producto del amor de un padre hacia su criatura. El domingo, el alero júnior verdinegro, de 17 años, fue nombrado el mejor jugador (MVP) de la Final Four Júnior de Londres. Su Joventut liquidó al Barcelona del pívot montenegrino Draskovic y del croata Hezonja. Alberto hijo sabe dónde se esconde la clave de su éxito. «Mi padre ha sido mi primer entrenador», señala. «Es la persona que me ha enseñado muchas de las cosas que sé», subraya. Pausa un segundo y aclara: «Mi padre es el que me lo ha enseñado todo».
Solo la hermana mayor de la saga Abalde se ha escapado del aro. La otra hermana, Tamara, también deslumbró en las canchas de básquet. Cuando tenía 18 años escribió su propia historia al batir el récord de anotación en un partido de la Universidad de Lamar, ubicada en Tejas, Estados Unidos. «Solo la hija mayor se ha escapado del deporte», confiesa Alberto sénior. «Pero le gusta el baloncesto».
Es un axioma inevitable. «En casa se respira baloncesto», revela Alberto Abalde. La tesis es de fácil comprobación. «Mi padre ha sido jugador de baloncesto muchos años y desde pequeño he mamado el baloncesto», recalca el verdinegro.
Lleva tres años en el Fiat Joventut, una de las grandes canteras del baloncesto español. Y Alberto, entrenador, admite que su incorporación al club de Badalona le ha servido para crecer. «Se fue con una buena base de fundamentos y la Penya (Joventut) lo ha mejorado».
El ex-ACB da paso al Alberto padre. «Estamos encantados con él -afirma-. Es un buen chico. Hemos tratado de inculcarle unos buenos valores y él responde». Pero el triple sobre la bocina lo anota el de la Penya. «Mi padre siempre ha estado a mi lado», reconoce. «Siempre me ha ayudado y me sigue ayudando».