Afluentes 80 en el Torrente Ballester

JUANA P. LUNA

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JUANA P. LUNA

27 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Afluentes 80. Dibujando un mapa es el título de esta segunda muestra de Afluentes, en esta ocasión son los años 80 del arte gallego los protagonistas, años vibrantes y brillantes llenos de expectativas, de energía y de grandes proyectos. Proyectos, si lo podemos llamar así, como el de Atlántica, lugar de convergencia de artistas gallegos con un proyecto común que era el de crear, intercambiar ideas, exponer, incluso el de hacer que el arte gallego saliera de nuestras fronteras para conseguir una proyección nacional, e internacional. Diecinueve artistas, diecinueve visiones: Xesús Vázquez confronta dentro del cuadro la aparente calma de sus pinturas con la grafía en espejo en la que hace alusión a sucesos trágicos y sangrientos como La batalla de Somme; mediante ese juego de contrarios hace una dura reflexión en torno a la realidad de lo cotidiano. Olivia with two heads de Leiro, hecha con madera policromada, ironiza sobre las posibilidades de lo real llevándolo hasta el absurdo. En cierto modo el absurdo llevado al límite también aparece en las obras de Din Matamoro. Así, en su cuadro Pantalla blanca, en donde el único protagonista es un chicle pegado, la intensidad del blanco nos engancha a su contemplación en espera de que algo suceda, al tiempo que el chicle nos invita a restarle importancia a tal espera.

Manuel Vilariño con sus fotografías Cabeza de home soñando y Héroe de coral nos sorprende con su inteligencia visual en donde haciendo acopio de elementos dispares junto con elementos de la anatomía humana, consigue extraños detalles que nos descolocan de la lógica habitual y nos trasladan a mundos surreales donde la poesía es protagonista. Juan de la Colina nos hace dos propuestas formalmente bien distintas aunque con un fondo similar relacionado con el autoconocimiento. En su pintura Fausto nos descubre un protagonista fuerte, a punto de saltar del cuadro, dibujado y desdibujado por pinceladas de colores llenas de expresividad y de energía. En cambio, en la serie de fotografías Autorretrato, una década después, nos encontramos un protagonista sereno, analítico, buscándose en cada imagen.

Armindo Salgueiro con su pintura Payaso camuflado pone en evidencia la decadencia de los aspectos más consumistas y más de usar y tirar del hombre. Un pedazo de cartel de un circo en el que una fiera ruge sobre un fondo de lunares, ciertamente un espectáculo lamentable por su decadencia, generador de tristeza y desconsolador a pesar de las luces que lo iluminan.

Ángel Cerviño nos engancha con su obra Predios lindes y lo hace por la complejidad y la profusión de imágenes y texturas que en apariencia nada tienen que ver unos con otros de su obra, recursos estos propios de la ironía del Pop de Rauchemberg. Pero también están Pamen Pereira, Vari Caramés, Menchu Lamas, Bosco Caride, Xosé Freixanes, Roberto González Fernández, Guillermo Aymerich, Antón Patiño, Dario Basso, Isaac Pérez Vicente, Jorge Barbi, Xosé Freixanes y Tono Carbajo.