Asunción Antelo, de 94 años y sin apenas estudios, ha publicado un libro de poemas, talla raíces, labra piedra y modela barro
27 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Su deteriorada salud no ha mermado sus ganas de vivir, y a los 93 años, incluso cuando la cabeza le juega una mala pasada, sigue soñando con un museo más grande en el que sus piezas dejen de estar amontonadas. Asunción Antelo Suárez (Coristanco, 1919) es la perseverancia en persona. Solo así se explica que una mujer que casi no fue a la escuela haya sido capaz de publicar un libro de poemas, Páxinas da Rexubeira de Bergantiños, y un relato corto, As penurias dun amor, y que guarde como oro en paño decenas de libretas manuscritas en las que, cuando ya había cumplido los cuarenta años, decidió empezar a plasmar sus pensamientos. O que un buen día empezase a tallar las raíces, a labrar la piedra o a modelar el barro que encontraba a su alrededor, en su querida aldea, dejando rienda suelta a su imaginación para crear formas únicas o reproduciendo a escala, y de memoria, cualquier casa de Segufe.
Hoy, poco antes de las doce, se ha levantado de la cama con la ayuda de Isabel Rey, la vecina que la cuida como a una madre, y de su hermano José, que filosofa con tomarse la vida con tranquilidad, «porque o día menos pensado...». A Asunción cada vez le cuesta más ponerse de pie, pero revive con cada visita, como la que hace unos días le hicieron, por primera vez en mucho tiempo, un grupo de alumnos del colegio de Coristanco. En su propia tierra ha sido una gran olvidada, y la reciente polémica entre los grupos de la corporación municipal a propósito de un homenaje que no se le ha hecho, y que probablemente nunca recibirá, le ha hecho mucho daño.
La Rexubeira de Bergantiños, como siempre le ha gustado que la llamen, ha sido una mujer combativa, incluso desde la política. Y a punto de cumplir los 94 años (nació un 8 de agosto) sigue defendiendo causas. De hecho, se declara una firme opositora al proyecto del yacimiento de oro de Corcoesto. «A mina non me gusta e non a quero», repite una y otra vez.
A su casa llega todos los días un ejemplar de La Voz de Galicia. Así está al tanto de las noticias, y guarda recortes de todas las que le interesan, sobre todo aquellas que tienen relación con ella o con personas a las que conoce. Desde que la descubrió la asociación cultural Monte Branco de O Couto (Ponteceso) -a la que debe la publicación de sus obras-, mientras la salud se lo permitió fue una habitual de las Festiletras, una de las principales citas culturales de la comunidad autónoma alrededor del Día das Letras Galegas. Allí entabló relación con el mundo de la cultura y el arte. El escultor Anxo Cousillas o el pintor Miguel Anxo Calvo son casi como de la familia, y todos los años participan en la modesta fiesta de cumpleaños que le ofrecen amigos y parientes. Con algunos ha empezado a jugar a la lotería primitiva, con el compromiso de que el premio se destinará a financiar la ampliación de la preciosa casa de piedra que construyeron sus hermanos para guardar su obra, y a la que hace ya meses que no entra porque no puede subir las escaleras. «Fixen o museo para Segufe», declara, y le gustaría que sus piezas continuasen en su casa de la pequeña aldea coristanquesa cuando ella ya no esté.
EN Segufe (Coristanco) UN Miércoles DE 12 a 14 horas