Los que tenemos cierta edad y conservamos discreta memoria, recordamos cómo entre los años sesenta y los ochenta del siglo pasado, las playas de A Concha y de Compostela se convertían en obligado punto de encuentro en el verano para los jóvenes de Vilagarcía y de otros municipios, incluso Santiago y Madrid, que nos visitaban con frecuencia. Días de vino y rosas, que se fueron cuando el mar se llevó la arena y la administración estatal se empeñó en convertir a Sanxenxo en el Benidorm gallego, para desgracia urbanística de ese precioso municipio.
Así que, abandonadas a su suerte las playas de nuestra ciudad, uno de los primeros objetivos del gobierno municipal que tomó posesión en el año 1991 fue el de recuperar el peso del sector turístico, mejorando para ello las infraestructuras, incluyendo un nuevo y atractivo paseo marítimo hasta Carril. La buena disposición del director de Costas, Fernando Osorio, la ayuda en las gestiones de un gran vilagarciano y amigo, Celso Callón, y un golpe de fortuna, posibilitaron la recuperación de las playas de A Concha, Compostela y Bamio, a las que luego se unirían las de Vilaxoán.
Calidad de la arena
Lástima que desde el inicio surgieran problemas con la calidad de la arena, al no poder extraerla de la Costa de la Vela como estaba previsto, y con los vertidos, propios de toda playa urbana y huérfanos de inversión medioambiental por parte de la Xunta. Pena, también, de que la calidad de las aguas no sea, en ocasiones, la más adecuada por la situación de las playas en la ría, el tráfico portuario, las malas prácticas marisqueras y la falta de civismo, pero tenemos playas, galardonadas en más de una ocasión con la bandera azul, y comunicadas por ferrocarril, ¡ahí es nada!, con la comodidad que ello supone.
Presumir de lo bueno
Por eso, estoy seguro de que serán en el futuro, como fueron en tiempos pasados, fuente de riqueza y de creación de empleo; eso si nosotros somos capaces de cuidarlas y de mejorarlas, y dejamos ya de lamentarnos de lo malo para presumir de lo bueno, porque, dicho en román paladino, ¡vaya, vaya, aquí sí hay playa!