Adiós a las armas

FIRMAS

22 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El Ejército español está ahogado por una deuda de 30.000 millones de euros. Casi nada para un país empufado hasta las trancas. Es insostenible con los actuales presupuestos, se nos dice. Y, llegados a este punto, habrá que decidir el camino a tomar: o se pone más dinero de todos los contribuyentes encima de la mesa o se asume la reducción de militares, tanques y cuarteles. Quizás ha llegado el momento de apostar por esto último, ¿no?

Para saber hasta qué punto nos salen caras las fuerzas armadas en tiempos de paz (en los que lo verdaderamente importante y loable son las misiones de paz), habría que hacer una auditoría de sus instalaciones y ocupaciones. Por ejemplo, descubrir qué importantes tareas desempeña la Comandancia Naval de Vigo durante todo el año. Habrá que reconocer que es un misterio para la inmensa mayoría de los vigueses.

En la ciudad hace tiempo que dijimos adiós a casi todas las armas. La desaparición de la batería de A Laxe permitió el desarrollo de Cánovas del Castillo. El Hospital Militar se reconvirtió en la actual comisaría de López Mora. El Gobierno militar se despidió para que en su lugar se abriera un rectorado de la Universidad. Los cañones del destacamento de A Guía se trasladaron para Figueirido en su momento. El cuartel de Barreiro se pudrió durante años hasta que por fin se convirtió en un geriátrico y algún que otro digno equipamiento más. Y la ETEA nos costó 30 millones a los vigueses, puesto que la Zona Franca se los pagó al Ministerio de Defensa hace ya una década sin que la ciudad haya aprovechado todavía esa joya que supone recuperar 100.000 metros cuadrados al borde del mar.

Nos queda la Comandancia como último reducto militar. Y, vista su aportación en la catástrofe del Prestige, quizás podamos sobrevivir sin ella.

diego.perez@lavoz.es