Cuarenta años sin poder olvidar la mayor tragedia aérea de Galicia
FIRMAS
En el vuelo 118 de Aviaco, que se estrelló en Montrove, hubo siete víctimas de Cee
13 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El 13 de agosto de 1973 la mañana estaba cerrada de niebla. A veces, entre los jirones de bruma, se veían trozos de tierra. A Coruña estaba allí abajo. Rafael López Pascual dio varias vueltas esperando que las condiciones mejoraran. El piloto cordobés, de 34 años y con 8.600 horas de vuelo a sus espaldas, había sido advertido de la posibilidad de desviarse a otro aeropuerto. Pero el vuelo 118 de Aviaco que enlazaba Madrid con A Coruña tenía combustible suficiente y el capitán prefirió esperar e intentarlo. Todos querían llegar pronto a su destino. Pero ese destino era otro.
A las 11.42 horas de la mañana de aquel día se escribía la página más negra de la aviación civil en Galicia. Por unos metros, por unos minutos. El Caravelle 10-R de Aviaco enfiló volando bajo la pista de Alvedro, demasiado bajo. Su ala izquierda tocó los eucaliptos de A Barreira, en Montrove. Si no hubiese descendido tanto, hubiera pasado. Si hubiera esperado un poco más, la niebla hubiera despejado. Pero López Pascual no lo hizo.
Hoy se cumplen 40 años de aquella tragedia y los que la vivieron en primera persona no olvidan ni un detalle de aquel macabro día. Un brutal estruendo sacudió a la localidad oleirense. El avión, tras tocar los árboles, cayó a plomo y se partió en dos desplomándose sobre el Pazo do Río. La cabina fue lo único que quedó más o menos entero, empotrada contra el hórreo del pazo. El resto se convirtió en un amasijo de hierros irreconocible. Los 79 pasajeros y seis tripulantes del vuelo perdieron la vida. Todos, salvo una persona que aguantaría unas horas, fallecieron allí mismo.
Desde la torre de control de Alvedro insisten en sus intentos de hablar con el aparato. Ya nadie responde. Cuatro minutos después la Guardia Civil comunica que un avión de pasajeros se ha estrellado en Montrove. Los primeros en llegar fueron un puñado de vecinos. No olvidan lo que vieron. Después los servicios de emergencias. Tampoco olvidan. El juez instructor, encargado del levantamiento de los cadáveres, tampoco puede. Manuel González recordaba hace unos años que aquel 13 de agosto había sido uno de los peores días de su vida.
El accidente también tuvo un eco trágico en Cee, de donde eran siete de las ocho víctimas de una misma familia, la Pais Rodeiro. Venían de Venezuela, a donde habían emigrado, a pasar las fiestas de A Xunqueira a su casa de Lagarteira, en la parte alta del núcleo ceense. La de mayor edad era Concepción García Rodeiro, acompañada de sus dos nueras, Joaquina Santamaría Túñez, de 26 años, y María Teresa Cofano, de la misma edad, originaria de Venezuela. Ambas traían con ellas a sus hijos: María Gabriela, de 6 años, y Juan Carlos, de 5 (hijos de Teresa), y María Jesús (6), María del Carmen (5) y Manuel Elías (18 meses), los tres de Joaquina. Según recordaba ayer un vecino de la zona, se habían adelantado unos días a sus respectivos maridos (el cabeza de familia, Pais, era originario de Buxantes-Dumbría), que también tenían previsto viajar a Cee esa fatídica semana de agosto.
Según señalaba el corresponsal de La Voz de Galicia en aquella época, la familia Pais-Rodeiro ya había perdido otro hijo unos seis años antes, en el naufragio del barco Sainte Patrik, en las islas Aleutianas. La casa familiar aún se conserva en Lagarteira.
Seis tripulantes y 79 pasajeros perdieron la vida en el avión de Aviaco
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Fallecidos en el vuelo
Los niños tenían entre 18 meses y seis años de edad