Vamos de alegría en alegría. Quien sabe si hasta la derrota final. Vigo y sus habitantes, fieles a esa filosofía emprendedora y laboriosa que los distingue, siguen remando contra viento y marea. Sabíamos desde hace tiempo que no tenemos que esperar nada de los políticos más cercanos, los que persiguen con denuedo nuestros votos en campaña electoral, lo que estamos descubriendo a base de bofetadas virtuales, es que también los más lejanos se han propuesto hacernos la puñeta con el mismo ahínco.
Y es que las decisiones que más nos afectan se toman a miles de kilómetros de distancia, las más de las veces con un desconocimiento absoluto de la realidad local. Así, de nada vale que el corazón económico de la ciudad, Citroën, esté volviendo a latir con fuerza y sus cifras sean un oasis dentro del grupo. París dice que todas las factorías tienen que parar una semana para ahorrar costes y Balaídos no tiene más remedio que acatar la orden.
Como de nada vale que compañías armadoras punteras de medio mundo quieran encargar barcos en astilleros de Beiramar o de Teis, cuyo buen hacer tecnológico está más que probado. Bruselas, por boca de Almunia, dice nuestro tax lease no le sirve y las gradas de las factorías se convierten en eriales. Dice también Bruselas que las cuotas de pesca son lentejas y no hay vuelta de hoja. No importa la dimensión de la flota ni que a otros países miembros les sobre cupo. Es palabra de Bruselas y punto.
Y para que no nos falte un perejil Argentina dice que se queda con una parte sustancial de Vieirasa y se sale con la suya. De momento. Pues eso, que a los políticos más cercanos les han salido competidores foráneos en la tarea de hacer la pascua a Vigo.
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