El jardín de la dama de rojo

Tereixa Táboada OURENSE

FIRMAS

PABLO ARAUJO

El mundo mágico de Moncho Borrajo

02 sep 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

En su cosmovisión, Moncho Borrajo se transforma en el pintor que da vida al espléndido jardín oriental encargado por una enigmática mujer vestida con un kimono rojo, cuyo retrato misterioso preside la tokonoma (habitación reservada a la contemplación de una pintura, en consonancia con la estética Zen). Se trata de una pintura femenina onna-e, privada, preservada, en lo que se convertirá en el mar interior sintoísta, centro del jardín construido como un gran vacío lleno de objetos que son islas.

Una pintura orientalizante en la que pintores europeos de vanguardia del XIX, impresionistas, post-impresionistas? encontraron en las cromoxilografías japonesas, en su iconografía, caligrafía y exotismo, su inspiración en el art-nouveau y el decorativismo francés en sus japonaiseries (objetos inspirados en la estampa japonesa) desarrollando un gusto por un estilo niponizante que simplifica la construcción espacial, de contornos sencillos, figuras aplastadas y sensualidad naturalista.

Un arte post-moderno que implica una fusión entre el elemento popular y la armonía de la sofisticación de las formas y lo inacabado. Arte introspectivo que interrelaciona hombre y naturaleza recordando el carácter efímero de la existencia. Una fascinación por la sensibilidad oriental y su capacidad para representar el arabesco liberado del volumen, el espacio pictórico autónomo y vacío, frente al espacio ilusionista renacentista de la tradición occidental.

El gusto por el colorido puro y plano heredero del grabado escapa al claro oscurismo de la pintura tradicional, así como la no jerarquización de los elementos plásticos del arte nipón se aleja en esta pintura de aparente estilo japonés y de clara concepción occidental, ya que en el anterior se desarrolla la idea de que el ser humano no es superior en dignidad al animal, planta u objeto representado.

Realismo e introspección

El realismo e introspección psicológica de orden narrativo en la presencia de la dama de rojo nos recuerda el juego literario en el que, a través de esta singular intervención, el autor, Moncho Borrajo, nos envuelve, nos sitúa y juega con nosotros en una pintura representada como decoración mural, con referencias a distintas tipologías como el kakemono y el emakimono en una brillante mistificación de art decó, exotismo y armonía diáfana en equilibrio. Serenidad, belleza y melancólica emotividad.

El silencio del espacio vacío roto por una composición asimétrica plagada de detalles líricos y anecdóticos, en una lectura transgeográfica con el rumor del agua como espejo móvil, se articulan las dependencias que se organizan como las cuatro estancias del día, como las estaciones del año, como en los haiku. Sala del amanecer: los colores albos se insinúan tras un molde de escayola, las meninas danzan alrededor de la fuente, simétricas, integradas en el bambú.

«Se va la primavera / lloran las aves son lágrimas los ojos de los peces» (Primavera) Bashö.

Una sala de atardecer de fuego dominado por rojos acrílicos y amarillos de muerte anuncia en los bambúes el final del día hasta el rojo infierno del ocaso. Un ideograma marca el principio y el final a modo de firma (AZ).

«El viento de otoño mueve la persiana de bambú y mi corazón» (Otoño) Ransetsu. Cinco pares de cañas, piedras blancas, se proyectan las imágenes en su propia sombra en una asimetría ordenada con el murmullo del agua. «Noches sin fin por detrás de la puerta una candela pasa» (Invierno) Shiki.

Y una melodía transporta a través del anochecer sus tonos azules y violetas al jardín secreto, al nihon teien, el jardín de la dama de rojo. «El espolón del faisán rasca su bella cara» (verano) Takarai Kikaku.

En el piso superior de la estación de tren, hoy museo Moncho Borrajo, al que el artista, escritor, escenográfo y showman dono mas de cinco mil obras entre las que se puede realizar un seguimiento de los cuarenta años del artista dedicados al arte y al espectáculo, sus libros, sus caricaturas, recuerdos, fotos, peluches, dedicatorias, autógrafos, diseños de vestuario, dibujos, escenografías.

El recuerdo de su madre en sus tres rosas rojas como metáfora, los anillos, sus colecciones y los trajes? del Belle Epóque al Cleofás del Madrid noctámbulo? Risas, plumas, cabaré y lentejuelas.

Grandes dosis de ingenioso humor, talento e inteligencia, vitalismo, poesía y sensibilidad. Este autor todoterreno presenta su nuevo espectáculo Yo Quevedo en Ourense (13, 14 y 15 de septiembre), un Siglo de Oro para morirse de risa. «El arte es un privilegio de todos», dice Moncho Borrajo.