En las últimas semanas ha ido tomando cuerpo el movimiento reivindicativo que pide a la Consellería do Medio Rural e do Mar la convocatoria de elecciones en las cofradías. En la manifestación que tuvo lugar en Ribeira participaron un número de personas, fundamentalmente mariscadores, importante, pero que suponen una parte muy pequeña del colectivo a nivel de Galicia. Quizás porque la inmensa mayoría de los asistentes pertenecían a dos o tres cofradías tan solo. Es obvio que el movimiento no ha tenido excesiva respuesta a nivel gallego y que se circunscribe a aquellos pósitos que arrastran conflictos históricos.
También es posible que este movimiento no gane más adeptos porque no nace de una reflexión integral sobre la gestión de los recursos, ni tan siquiera -que sería lo mínimo- de una reflexión sobre el modelo de gestión. La idea que se traslada, para muchas personas de dentro y fuera del sector, es que estamos ante un problema de personalismos. Un quítate tú que me pongo yo que inspira poca confianza.
El debate no se centra sobre los problemas o errores que han llevado al marisqueo a ser una actividad de subsistencia. Parecen centrarse en que estén unas u otras personas, con el fatalismo histórico conocido de que los salvadores siempre se convierten al credo de sus antecesores y que, en poco tiempo, tendrán una protesta similar ante ellos.
Es el pecado original de un modelo que en modo alguno es apto para una actividad económica colectiva transparente y efectiva. Al contrario, deja la puerta abierta al comportamiento caciquil y al manejo discrecional de algunos individuos. Y aquí nadie quiere reformar o cambiar el barco, lo importante es coger el timón aunque la embarcación se hunda con todos a bordo.
Por cierto, práctica de arraigada tradición en la política. Como la de buscar más el enfrentamiento que resolver los problemas. Un ejemplo: ante la discutible posición de AG y el BNG por las sentencias a los miembros de Resistencia Galega, el PP ha optado por presentar mociones en todos los ayuntamientos. ¿Buscan llegar a un acuerdo o resolver el problema? No, tan solo aislar o afear a estos grupos ante la opinión pública gallega a costa de crear crispación en todos los concellos donde se debate la moción. Una pena, porque la inmensa mayoría de los gallegos tienen una posición clara sobre el asunto y no necesitan de ningún cristal político para verlo.
Otro. En Boiro, el gobierno municipal, para acallar las manifestaciones de la oposición sobre el salario del alcalde, saca un documento con el salario neto cobrado. A ningún ciudadano se le escapa que ese no es el coste para el Concello, que es de lo que hablaba la oposición. El coste real es la suma del salario bruto, complementos y seguridad social. Lo que sale de la caja municipal cada mes, vamos. Y es justo que lo conozcan los ciudadanos. Estos, en función de parámetros comparativos con la media y del trabajo realizado, valorarán si es ajustado.