Cuando esta semana vi el anuncio de un nuevo proyecto de mejora del vial que une Boiro con Noia, después del pasmo inicial y una vez superado el ataque de risa, recordé que sobre el tema había escrito en numerosas ocasiones. Como ejemplo les cito un artículo del 2001 donde, bajo el título Misterios, decía: «Otra cuestión con parecido hilo argumental es la carretera de Boiro a Noia. Cuántas veces se ha dicho que era urgente su mejora de trazado y firme, dotación de aceras en algunos tramos, canalización de aguas, más ancho, etcétera. Pues casi tantas como se anunció la inminencia de un proyecto que resolviera tales cuestiones».
Pues bien, desde aquel entonces se han sucedido proyectos -incluso superpuestos- y obras, en muchas ocasiones inacabadas. A lo largo del recorrido podemos encontrar vestigios de las mismas por el reguero de señales provisionales que se convirtieron en fijas. O de pinturas amarillas extraordinarias que nunca fueron sustituidas por el blanco ordinario. En resumen, un cúmulo de despropósitos e incumplimientos flagrantes. Muchos años de incompetencia y desfachatez; eso sí, bien pagadas. Pero sobre todo grandes dosis de paciencia y estoicismo por parte de los ciudadanos que sufrieron y sufren este abandono.
Dentro del apartado de infraestructuras, y debido al accidente ocurrido en la autovía el viernes pasado, cuando fui desviada por la carretera comarcal desde Taragoña a Boiro, reflexionaba sobre el valor de esa vía de comunicación para la comarca. A día de hoy estoy más convencida de que la comarca en general, la política partidista manda y ordena, fue cicatera con los principales valedores del logro: Emilio Pérez Touriño y María José Caride.
Yo no voy a entrar a valorar el conjunto de su gestión, pero por objetividad y honradez hay que reconocerles la defensa de la obra más importante realizada en el Barbanza. Un proyecto que los populares idearon con un perfil mucho más bajo y que los nacionalistas -¡socios de aquel gobierno!- boicotearon sin sonrojarse hasta el propio día de la inauguración.
Unos y otros, en defensa de sus posiciones, seguirán argumentando lo que quieran (ya saben que en ese terreno no se suele dar marcha atrás), pero cada vez que por obligación tengo que circular por la antigua comarcal, el sentido común y la ausencia de sesgo político, me reafirman en mi opinión. Esta gran obra, que a día de hoy sería impensable, significa mucho en el desarrollo de esta comarca. Pasados casi cinco años de su inauguración no estaría de más un acto de reconocimiento a los responsables de su ejecución.
Por último, hacer referencia a la noticia publicada en La Voz de Galicia en la que se daba cuenta de la petición de un año y medio de cárcel para dos individuos por robar unos artículos valorados en 13,55 euros. Con todo lo que sucede en este país sobran los comentarios y dan ganas de emigrar.