Dijiste, estimado delegado de la Xunta, la frase de la semana: «Non serei un argumento para desprestixiar a Núñez Feijoo. Se hai xuizo marcho para a casa». Lo hiciste después de que un juez instara la apertura de juicio oral o el sobreseimiento de una causa nacida por el anómalo, o no, destino de unas subvenciones de la Unión Europea a Arnoia cuando eras su alcalde. La frase honra a un político en una época de desprestigio de la política. Porque habla de lealtad («cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien», según el DRAE), ese valor tan escaso en la actualidad. Y habla también de respeto a unos ciudadanos que merecen políticos no flagelados por el banquillo judicial. El juez deshoja la margarita (¡cómo si la justicia fuese un ejercicio de azar!) sobre un caso que lleva siete años abierto. Nunca como ahora noté tanto la judicialización de la política ni la politización de la justicia. Tu sumario es como un partido de tenis pues va de unos jueces que dictan el sobreseimiento (ya acordado en dos ocasiones) a otros que acuerdan justo lo contrario. No entiendo esta sucesión de passing shots, aces y smash jurídicos. Como no entiendo que haya jueces que, como si fuesen adivinos, vaticinen «macrocausas» en el futuro contra la corrupción de los políticos. Me temo que, al igual que en la cancha de tenis, en los edificios judiciales haya que instalar el «ojo de halcón» para que los ciudadanos podamos certificar en el futuro la validez, o no, de decisiones judiciales vaticinadas antes de la presentación de la denuncia.