Lucho Fernández firma una temporada brillante el mismo año que deja atrás el momento más amargo al superar su hija una dura enfermedad
07 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El juego del Peixe lo firma Lucho Fernández. A sus 38 años, ya no corre en la pista como cuando era un chaval, pero sí anota tanto como cuando empezó a despuntar hace más de 20 años en el antiguo OAR de Ferrol. Con la humildad que otorga la experiencia, este jugador ferrolano se saca mérito para convertir su éxito en un trabajo coral. «Las cosas le están saliendo bien al equipo. Es nuestro primer año en la LEB Plata y sabíamos que iba a ser duro», explica Lucho, que ya no se fija en las estadísticas, pese a que recoge un promedio de 11,8 puntos por partido. «Nadie me va a fichar ya con mis años», bromea.
Si sigue al pie del cañón, bajando de miércoles a sábado desde Ferrol, donde vive, para jugar en Marín es porque disfruta del baloncesto. «Cuando estás cómodo, las cosas salen bien», reconoce. Y es que Lucho Fernández refleja sobre la pista lo que siente en su vida personal después de que su hija de cuatro años superase una dura enfermedad. En el camino, la pequeña ha perdido la visión de un ojo, pero afortunadamente, después de tres años de lucha, eso ya es pasado y esta nueva etapa de alivio, parece haberle dado superpoderes en la pista. Así que mientras el cuerpo aguante, seguirá siendo el guerrero del Peixe. ¿Dejarlo? «Pensaba que iba a colgar las botas, pero me gusta demasiado. Seguiré hasta el día que mi cuerpo me diga que ya no vale la pena», explica Lucho, que aporta experiencia y saber estar a su compañeros, pero «yo no voy a estar eternamente». Mientras está, su valoración es de 9,8 puntos.
Larga experiencia
Lucho es esa especie de abuelo sabio que sabe qué hacer en cada momento sobre la cancha de juego. A sus compañeros, muchos de ellos en formación, el ferrolano les da lecciones de baloncesto cada sábado. Las aprendió a lo largo de una dilatada carrera que le llevó a competir en LEB Oro durante once temporadas, además de su experiencia en ACB en las filas del TAU. Su bagaje deportivo lo convierte ahora en uno de los máximos anotadores del Peixe, especialmente en el último encuentro, frente al Conservas de Cambados, donde se llevó de calle a los rivales con 13 puntos en 23 minutos de juego. «Con los años vas creciendo y a la edad que tienen algunos de mis compañeros, yo ya era titular en equipos de LEB Oro», recuerda como muestra de su veteranía. «Por muy bien que estés, ves que el resto van rapidísimo. Y digo, madre mía, madre mía, pero era como lo hacía yo a su edad», explica sobre cómo se ve en la pista, con una media de juego por partido de 23 minutos y 18 segundos.
Su polivalencia sobre el terreno de juego le permite a Javier Llorente ubicarlo en varias posiciones dentro de la pista. «Mi altura me permite jugar en distintos puestos. Ahora, si tengo que correr detrás del alero de nuestro equipo, me da la risa. Ya no puedo, pero por mi altura estoy más cerca del aro, puedo coger más rebotes. Tengo que estar donde más me necesitan», señala como si de un apagafuegos se tratase. «Ya no soy el jugador que era con 22 o 23 años, la ambición que tenía ya no la tengo, antes jugaba en puestos más exteriores y ahora juego de cuatro o cinco», indica Lucho.
El futuro, en el baloncesto
El veterano jugador del Peixe no sabe cuándo dejará de sudar la camiseta. Lo que sí sabe es que el baloncesto seguirá siendo el epicentro de su vida laboral. Ya prepara la transición.
Hace un año montó una empresa de eventos deportivos, entrenamiento personal y representación de jugadores de baloncesto con un antiguo entrenador. Desde entonces disfruta del baloncesto en horario de tarde noche después de una hora y media en coche desde Ferrol, donde dedica el resto del día a su nueva faceta empresarial y a cuidar de su familia.
La fuerza de su hija y su pasión por el baloncesto dan forma al guerrero Lucho Fernández, que cada sábado se enfunda la coraza del Peixe Galego.
El jugador tiene una media de 11,8 puntos en cada partido y una valoración de 9,8
Comenzó a jugar hace veinte años en el antiguo OAR de Ferrol y compitió en LEB Oro y ACB
Con 38 años, cuenta con una media de
23 minutos de juego y es un referente en el club marinense