Vigo no es Sicilia, a Dios gracias, pero el pleno celebrado ayer en su Ayuntamiento recuerda un poco a los códigos de silencio que imponía la Mafia. Desde que el exalcalde Carlos Príncipe aseguró públicamente que Caballero ha enchufado a al menos 21 familiares directos de concejales y cargos socialistas, algunos han dedicado más tiempo a desacreditar al denunciante que a comprobar si lo dicho es verdad. La oposición del BNG y del PP, ni eso. Que no se atrevan a pedir explicaciones al regidor socialista en el máximo órgano de representación del pueblo de Vigo es un insulto a la democracia y a los 33.645 desenchufados que sellan la cartilla del paro en la ciudad. Solo dos concejalas que tuvieron un calentón cuando las atacaban se han atrevido a romper la omertá. Qué triste es la sensación de que a nadie le interese tirar de la manta.