«Sinto tristura polo da Caixa»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

XOÁN A. SOLER

30 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Rey nació en el Paxonal, en un barrio que marcaría en buena medida su existencia. Tras unos años «libre e feliz» en Carboeiro, de vuelta en el Paxonal se hizo un hueco entre la grey infantil de la zona, jugando cuando podía en el campo do Seixo (hoy Cottolengo), en prados yermos y en otros puntos. Ya estaban las casas de Vuelva Mañana y la finca de Iglesias Corral era señera y apetecible porque había una huerta con frutas. Manuel recuerda la garita del fielato en Pontepedriña y el inicio allí de la panadería Moure. «Era un barrio socialmente moi desenvolvido», dice.

Tras estudiar en el Xelmírez, hacer la carrera de Magisterio y montar una academia, la vida le condujo a desempeñar distintos oficios (entre ellos el de camarero en el Paz Nogueira) hasta desembocar como ordenanza en el Banco de Vizcaya.

En medio de una constelación de personajes que irrumpieron en su existencia, su integración en el barrio ha tenido un nombre propio: Antonio Vilasó, cura de O Castiñeiriño, «un dinamizador social impresionante e un integrador da xuventude fabuloso». A su lado ejerció como catequista, colaborador de Cáritas y actor de una importante vida social en el barrio. Entre la diversidad de frutos cosechados está la guardería Raiola, «pioneira nas súas características».

Como ordenanza, el avispado Manuel duró muy poco, y a los dos años ya dirigía una sucursal del Vizcaya. Tras regir otra, aplicó sus dotes de gestor a Caixavigo y dirigió tres oficinas. Hoy esta Caixa, y la de Galicia, están sepultadas. El ente bancario de Rey ya no existe, como los agujeros negros: «Sinto unha tristura tremenda no plano persoal e social». La culpa la tienen «o narcisismo e o egoísmo dos dirixentes das caixas e o uso que os políticos fixeron delas en beneficio propio». Lograron enterrar «ós maiores financiadores da política económica deste país». Las Caixas jugaron a ser grandes grupos económicos y algún directivo se ufanaba «de participar en 50 ou 60 sociedades distintas». La obra social y el patrimonio artístico «tiñan un valor de cinco mil millóns e non sei onde foron parar».

Barbaridades

Las Caixas «seguiron unha liña errática e os criterios de control sobre as oficinas impedían valorarlle as cousas ao cliente e dicirlles o que era rentable». Le fastidia a Manuel la «falta de control por parte dos organismos económicos, que permitiron facer certas barbaridades»

Rey vivió desde dentro la agonía: «Eu non tiña nivel de decisión propia, pero os directores víamos que todo o que pasaba íache limitando a oferta de mellores prezos de activo e pasivo e de captar clientes rentables». Vinieron el «negocio fácil», los préstamos hipotecarios: «Dende a lei do solo todo era jauja, pimentón do bo». Claro está, el desastre había que resolverlo y encubrirlo como fuese.

Y llegaron productos como las preferentes: «Na comercialización ocultáronos certo tipo de información» y los directores estaban vendiendo un producto «rentable, bo, sen riscos». Muchos empleados lo adquirieron para sus familiares «e perdérono». Se vendieron «cousas tan infumables como obrigacións de Fenosa sen vencemento, de Autopistas e de Endesa», como antesala del marasmofinanciero da país.