El escapista del PSOE y la receta del diálogo

FIRMAS

09 feb 2014 . Actualizado a las 06:00 h.

El problema del PSOE en la capital, con el grupo de gobierno dividido en dos bandos, es un problema numérico, pero no de euros contantes y sonantes (que también) sino de días de calendario. Dos ejemplos, extraídos de las noticias de La Voz de esta semana, me llevan a esta conclusión. Uno es que a los cinco ediles díscolos del Concello de Ourense (esos que rompen la disciplina de voto por asuntos personales de dinero, se niegan a trabajar y no asisten a las citas con el alcalde) se les esfuma la rebeldía un único día al mes, el del pleno municipal. Veintinueve días a la greña pero llega el pleno (¡remunerado!) y se muestran más unidos que las lapas. Y dicen que lo hacen así porque lo exigen los estatutos del PSOE sin reflexionar que los estatutos de la decencia, la democracia, la ética y la estética exigen esa unidad todos los días del año.

El otro ejemplo lo dio Pachi Vázquez, el líder espiritual de la revuelta, al convocar una rueda de prensa con el teórico fin de hablar de termalismo. Esta irrupción pública ya presenta dos interrogantes: ¿Por qué salió a hablar él, diputado raso, y no los demás diputados estatales, autonómicos y provinciales del PSOE? ¿Por qué critica él un plan termal que se había presentado con la presencia esperanzada de Xunta, Diputación y el Concello de Ourense, que preside un compañero de su partido? Pachi Vázquez usó el termalismo como pretexto para arriar la bandera de la sedición en Ourense. De lo que quería hablar era del conflicto de los díscolos y repetir ante los periodistas, con insistencia machacona: «¡Diálogo, acordos, unidade!». A buenas horas mangas verdes. ¿Dónde guardaba esa receta desde que comenzó la revuelta? El 29 de diciembre escribía en esta sección a raíz de su negativa a valorar la actitud de los díscolos: «Perdió una oportunidad de oro para decir que él no tiene nada que ver con la asonada, que no brindó con cava la noche en que los críticos abandonaron el pleno, que rechaza la primacía de los intereses personales sobre los generales, que no aspira a suceder al alcalde de Ourense y que le da todo su apoyo después del desplante que le hicieron los díscolos». El escapista del PSOE (en lúcida descripción del periodista Miguel Ascón) tardó 56 días en ver la luz de los acuerdos, el diálogo y la unidad.