Reaprender a vivir tras un ictus

MAR GIL OURENSE / LA VOZ

FIRMAS

Miguel Villar

Casi 60 ourensanos acudieron en el 2013 a terapia ocupacional para paliar los efectos de lesiones graves

16 feb 2014 . Actualizado a las 06:00 h.

Hay risas y montones de juegos en las estanterías: puzles sobre el cuerpo humano, laberintos de colores, canicas, plastilina, bolas... Uno tendría la sensación de estar en una escuela infantil hospitalaria si no fuera por la edad de los pacientes. Sonia tiene 49 años; José Antonio, 47; Manuel, 72, y Paco, 46. Ni esto es una escuela ni ellos están aprendiendo; están reaprendiendo. Un ictus en tres de los casos y un accidente laboral en el cuarto escribieron un punto y aparte en sus vidas. Ahora, tras meses de terapia, empiezan a ver avances. Y se aferran a los juegos infantiles con buen humor, aunque rápidamente Conchi, la terapeuta, se encargue de aclarar que «aquí no se viene a jugar; todo lo que se hace tiene un objetivo».

Los pacientes llegan a este taller terapéutico remitidos por los médicos del servicio de Rehabilitación del CHUO. Su misión es devolver a los enfermos su normalidad, hacerles recuperar su vida o, cuando menos, conseguir que aprendan las técnicas precisas para volver a hacer todo aquello que hacían.

Vestirse, comer una sopa, cepillarse los dientes, atarse los cordones de los zapatos... Las cosas más simples se convierten en rubicones insalvables cuando una lesión neurológica o traumatológica invade la normalidad. Para Manuel Costa, por ejemplo, la cotidianeidad consiste en recuperar lo perdido; la movilización del lado izquierdo de su cuerpo es una labor ciclópea. La terapeuta se afana en corregir su postura sentado y lo coloca frente a un espejo para que ensaye cómo vestirse. Tiene 72 años, doce meses de convalecencia y un calendario diario completo: terapia ocupacional, rehabilitación en Piñor, fisioterapia en Aixiña... y chapuzas de soldadura en el taller doméstico.

Atarse los zapatos

Paco Dopozo, de 46 años, viaja desde Xinzo para su rehabilitación. Una logopeda le ayuda con el habla y ya es capaz de atarse los zapatos. «Me enseñó Conchi», cuenta. Y Conchi, la terapeuta, explica las artimañas de su trabajo: «Hay que adaptar las actividades al paciente para facilitarle que pueda hacerlas; a veces ponemos gomas en el calzado en vez de cordones, engrosamos los cubiertos para que una mano incapaz de hacer el movimiento de pinza pueda asirlos... Hay muchos objetos adaptados a la venta, pero a nosotros nos gusta hacerlos, hay que ser ingenioso y no gastar si es evitable».

Así que sobre la mesa del taller se extienden bobinas cónicas de hilo a modo de cubiletes encajables y corpiños y sujetadores ficticios para practicar cuestiones tan básicas como encordonar, enganchar o abrochar botones.

Como Sonia, José Antonio, Manuel y Paco, otros 54 ourensanos pasaron por los talleres de terapia ocupacional del hospital de Piñor en el 2013. Suelen estar entre tres y cinco meses con tratamientos individualizados.

Cada día pasan por la consulta entre 12 y 14 pacientes. La mayoría -42 en el 2013- precisan ayuda tras haber sufrido un ictus; el resto, a consecuencia de lesiones medulares, amputaciones, lesiones traumatológicas o problemas degenerativos.

La edad media ronda los 55 años -81 y 34 de límite en el 2013-, aunque Conchi Gálvez ha atendido a una persona de 90 años que no cejó hasta aprender a firmar con la izquierda y a una chica de 20 con un ictus.