En tiempos convulsos resulta necesario preguntarse por cuáles deberían ser las obligaciones de nuestros políticos. Como alcalde no tengo la menor duda, defender los intereses de mi pueblo, escuchar a mis vecinos y ayudarles en todo aquello que nuestros humildes recursos nos permiten.
La historia del Hospital do Salnés ha estado marcada desde sus orígenes por muchos años de lucha contra gigantes de diferentes formas, colores e ideologías, pero todos ellos ciegos y sordos ante las demandas de sus vecinos.
No es posible hablar del Hospital do Salnés con justicia sin hacer mención a un ciudadano que hizo posible su creación, Juan Antonio Garrido Torrado. Un caballero de la política. Un hombre excepcional que se caracterizaba por su integridad, honestidad y una forma especial de hacer política, la de verdad, la de la buena. Para mí, un gran amigo.
Implicado profundamente con su municipio y muy sensible a las necesidades de sus vecinos, este vilagarciano, por aquel entonces diputado autonómico, se jugó su carrera política enfrentándose al entonces conselleiro de Sanidade, Romay Beccaría, y al mismísimo presidente de la Xunta y de su partido, Manuel Fraga. La perdió, pero ganó algo muchísimo más importante, el respeto de todos.
Corría entonces el año 1991. Juan Antonio Garrido, en un ejercicio de coherencia por defender un proyecto en el que creía, rompió la disciplina de voto y presentó una enmienda a los presupuestos de la Xunta de Galicia, respaldado por los alcaldes de la comarca, logrando así hacer realidad una de las reivindicaciones más antiguas de los vecinos de O Salnés, la de contar con un hospital propio.