El destierro del funcionario

Eduardo Eiroa Millares
e. eiroa A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

El Ayuntamiento deja sin piso a un empleado público, lo traslada de centro de trabajo y le quita el sueldo 15 días

09 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Hay expedientes disciplinarios y expedientes disciplinarios, y el último aprobado por la junta de gobierno local contra un funcionario del Ayuntamiento es de los de gama alta. No se sabe qué tropelía pudo cometer el trabajador municipal -el consistorio no informa basándose en la Ley de Protección de Datos-, pero debió ser gorda para que le cayera un correctivo que más parece una condena.

La resolución que pesa sobre el hombre consta, literalmente, de «suspensión de empleo y sueldo por un período de quince días, traslado de un puesto de trabajo a otro centro por diez años y desalojo de la vivienda que ocupa».

La sanción se aprobó tiempo atrás. Ahora el Ayuntamiento dio luz verde a personarse en el proceso por el recurso interpuesto por el trabajador que, lógicamente, no está de acuerdo con tan singular condena.

Visto sin más aclaración, la pena impuesta se acerca bastante a lo que en la Grecia clásica se hacía cuando se condenaba a alguien al ostracismo, una suerte de destierro mediante la cual el condenado era privado de sus bienes y apartado para siempre de la comunidad.

Pero el caso de A Coruña, que más parece el duro castigo de un juez que una sanción administrativa, tiene una explicación. No se trata de que la policía lo saque de su casa. La persona en cuestión, al parecer, trabaja como conserje en un centro público. Algunos de esos cargos tienen tienen todavía derecho a vivienda. Al ser apartado de su puesto de trabajo perdería también el uso de la casa que ocupaba por prestar ese servicio concreto. Lo más probable es que en su nuevo destino no exista ya esa misma prebenda, pues hace ya muchos años que no se ceden pisos a los funcionarios, trabajen donde trabajen.

Por otra parte, el destierro será suave. Al hombre no lo envían a Madagascar, sino a otro centro similar, conservando sus funciones, dentro de la ciudad. Lo de los quince días sin sueldo no necesita más aclaración.

Al parecer, en el centro de trabajo en el que estaba las quejas se repetían desde hace bastante tiempo y finalmente se optó por sancionar. Con castigos de ese calibre seguro que los más díscolos optan por mantener la disciplina.