Las triquiñuelas de un alcalde para no pagar al Concello

José Manuel Rubín SIETE DÍAS, SIETE VOCES

FIRMAS

30 mar 2014 . Actualizado a las 08:00 h.

Los políticos del Concello de Ourense nos llenaron la semana de ruidos mediáticos similares a los de la canción de Sabina (Ruidos) sobre los amorosos que minan a una pareja. Dice Sabina que con tanto ruido «hubo una epidemia de tristeza en la ciudad». Me temo que también en Ourense la tristeza por el espectáculo de los ruidos de los políticos locales mude en epidemia. Ruidos de sobornos, ruidos de ingresos bancarios, ruidos de avales, ruidos de urbanizaciones, ruidos de censuras, ruidos de comisiones, ruidos de cazos, ruidos de disculpas, ruidos de chulerías, ruidos de palabras huecas, ruidos de cacerías, ruidos de «borroquismo», ruidos de «francotiradores», ruidos de «gobernos abatidos», ruidos de mayorías minoritarias, ruidos de minorías incapaces? ¡Mucho, mucho ruido! Y después de tanto ruido, los ourensanos verán una capital instalada en la nada merced a unos rufianes públicos liados con asuntos de deshonestidades en lugar de con asuntos (véase el ejemplo de Vigo) de intereses compartidos. El alcalde, Agustín Fernández Gallego, máximo responsable, optó por munición dialéctica para justificar que en el 2007, semanas antes de aparecer en la lista del PSOE, argumentase ante el Concello que era «innecesario» urbanizar su calle y meses después, ya en el poder, se la haya endosado al Plan E ahorrando 10.633 euros de su bolsillo. Si bien no le veo relevancia penal a las trapisondas del pícaro regidor, sí defiendo que lo que la ley no impide debe impedirlo la ética, la decencia y la honestidad. Y no es ni ético, ni decente, ni honesto tener al frente de la tercera ciudad de Galicia a un alcalde que recurre a triquiñuelas para no pagar (como hicieron miles de sus vecinos) 10.633 euros (o 28.000 como dictamina el interventor) que legalmente le corresponden por la urbanización de su calle cuando cada año detrae de los impuestos de sus administrados 100.000 euros (67.000 de su sueldo y 33.000 del de su hija contratada por él a dedo). ¡Demasiado ruido de sinvergonzonería!

Pulpo y polbo. La RAE legaliza términos foráneos (chat, friki, espanglish, sudoku, sushi?), que no estaban en la lengua española pero que utilizaba la sociedad. La Galega ha desestimado la petición del Concello de O Carballiño de recuperar la palabra pulpo, sustituida por polbo en los ochenta. Mientras el pueblo llano pide desde siglos atrás a las pulpeiras/os una tapa de pulpo, ellos, eruditos y elitistas, acordaron «ratificarse na súa escolla de polbo como forma normativa recomendable» porque «hai dúbidas sobre o carácter patrimonial» de pulpo. En roman paladino, porque proviene del español. Si lo fuese (como ejemplos hay de otras palabras) del inglés o del portugués valdría más la costumbre, que es ley. ¿Es política lingüística o ideológica?