El músico norteamericano, que fue director de la Filarmónica de Nueva York, estuvo el año pasado en Galicia para dirigir a Puccini con la Orquesta Sinfónica
14 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando hace un par de semanas se anunció que Lorin Maazel había renunciado a continuar al frente de la Filarmónica de Múnich, la noticia ya llevaba circulando como un rumor desde hacía algún tiempo entre el mundillo musical. La parca lo rondaba, su proverbial energía parecía abandonarlo, y así ha sido. Ayer por la tarde se confirmaba su fallecimiento, víctima de las complicaciones surgidas durante una neumonía, según anunciaron sus colaboradores.
Maazel (Neully-sur-Seine, París, 1930), uno de los últimos titanes de la dirección orquestal del siglo XX, se fue con las botas puestas. La muerte le sorprendió en su casa veraniega de Castleton, en Virginia (EE.UU.), donde supervisaba los preparativos de su festival de música. Allí debía dirigir en unos días una nueva producción de Madama Butterfly, una de sus óperas favoritas, con la soprano rusa Ekaterina Metlova, la misma cantante con la que el año pasado visitó por última vez Galicia para ofrecer otra de sus especialidades, La fanciulla del West de Puccini.
Precisamente en el 2013, durante su visita a Coruña, un Maazel bronceado y en excelente forma, como se pudo apreciar luego en su actuación con la Sinfónica de Galicia (OSG), concedió una entrevista a este mismo periódico en la que mostró su enfado por el estado actual de la cultura en España, con los recortes de las distintas Administraciones. «La inversión en cultura diferencia a los hombres de las bestias, nuestras necesidades básicas no terminan con respirar y comer. Lo que ocurre es que los políticos recelan de las personas que dedican su tiempo a cultivarse, por una sencilla razón: quien tiene su mente ocupada en tareas como las propias de la cultura es incapaz de tragarse sus estupideces. Los políticos necesitan a estúpidos que les voten cada cuatro años. Cuanto menos pensemos, más fácil será manejarnos», dijo entonces.
Palau de Les Arts
Maazel ya había dirigido a la OSG, por primera vez, el año anterior. Veinte años después de su visita con la Orquesta de la Radiodifusión de Baviera, volvía para ofrecer de nuevo la Primera de Mahler en A Coruña, pero esta vez con la orquesta local. Desde su debut madrileño, en 1956, con la Orquesta Nacional de España, Maazel llegó a dirigir varias orquestas españolas, e incluso ayudó a fundar una, la del Palau de Les Arts valenciano, con la que estuvo vinculado hasta que en el 2011, incómodo con los recortes del Gobierno autonómico, decidió marcharse, como ahora le ha ocurrido también a Zubin Mehta.
El carismático músico norteamericano (de nacimiento francés, casual), que además tocaba el violín y componía, y fue titular de la Filarmónica de Nueva York, poseía dos caras. Podía ser el director más superficial y desganado, como alguna vez se mostró en varias de sus visitas gallegas durante las ediciones del ya olvidado Festival Internacional de Música. Pero si, en cambio, decidía mostrar su otro perfil, pocos podían presumir de hechizar al público como este refinado alquimista del sonido.
Como Otto Klemperer o Sergiu Celibidache, en el último tramo de su carrera Maazel optaba en sus lecturas por la contemplación, la morosidad, la dilatación de los tiempos, a veces caprichosa o excesiva. Pero cuando estaba inspirado, como hizo aquí con la sinfonía Titán de Mahler, lograba enloquecer al público. Su versión amplia, fluida, paladeada hasta sus más íntimos matices a través del preciosista fraseo, sin perder nunca de vista el rigor analítico, la claridad, permanecerá en el recuerdo.