Sandra Costas lleva cuatro años combinando el trabajo diario en el estanco de su familia con la competición en la máxima categoría del balonmano en el equipo de O Porriño
18 ago 2014 . Actualizado a las 06:00 h.Sandra Costas (Vigo 1990) forma parte de la plantilla del Porriño. Desde hace cuatro años juega con el equipo gallego en la División de Honor de balonmano. Son los mismos años que lleva atendiendo el estanco de su familia, que se encuentra enfrente de la playa de Canido. Cuando Sandra empezó a jugar al balonmano, en el patio del colegio con sus compañeras no podía imaginar que su vida giraría, años después en torno a ello. «De pequeña era muy princesa, y no pensaba en dedicarme a ningún deporte», cuenta mientras sonríe.
A los 11 años entró en la cantera del Octavio animada por su padre, que siempre ha sido una pieza clave en su carrera deportiva, «mi padre es quien mas caña me mete, pero también quien me ha enseñado que puedo llegar a donde yo quiera», reconoce la jugadora del Porriño. Pero pese a que empezó como un juego, poco a poco, fue convirtiéndose en un modo de vida. Fue años después disputar la fase de ascenso a primera Nacional con las juveniles del Seis do Nadal, a los 16 años, cuando Sandra se dio cuenta de que no podría vivir sin el balonmano, quería competir. «Fue un punto de inflexión, ver que tu esfuerzo da resultado y saber que puedes llegar a más, que vales para esto, entonces me enganché», comenta. Pero el balonmano no solo dio a esta viguesa de 24 años la satisfacción personal de ver recompensado su esfuerzo.
«El ejercicio no es solo físico también me siento bien mentalmente. Y además, me ayudó mucho meterme en este deporte: antes era muy vergonzosa, cualquier cosa me hacía ponerme roja y con esto lo superé», explica Sandra. La joven atribuye también a este deporte el haber sido capaz de ponerse al frente del estanco. «Al principio no quería, por el trato con la gente, pero cuando aprendí a relacionarme, el trabajo en el estanco empezó a gustarme», explica.
Quizás por eso, a pesar de comenzar la carrera de Ciencias Policiales, nunca dejó el deporte de lado, y compaginó ambas vidas hasta que terminó, se licenció y, en el 2010, recibió la llamada del Porriño, que le abrió las puertas a la División de Honor del balonmano español. «Fue un cambio enorme, me costó adaptarme porque antes jugábamos en casa y estaba acostumbrada al nivel», afirma. Es el coste que supone para Sandra ir a los entrenamientos y los viajes de la competición lo que la han llevado a sustituir las Ciencias Policiales por el negocio familiar, y a regentarlo junto a su abuelo, su madre y sus tíos el estanco.
Cada día abre el local que tiene su familia en Canido a las 9.00 y atiende en el estanco a los vecinos de la zona. Tal y como su abuelo empezó a hacer hace ya casi medio siglo, aunque entonces el tabaco tenía menos detractores y los estancos, más clientes. «Cada vez vienen por aquí menos personas, pero a todos los de la zona los conocemos bien», explica Sandra.
Además trabajar en familia tiene sus beneficios, «nos llevamos muy bien y tenemos mucha confianza», explica, y prosigue, «me apoyan con el balonmano, y nos organizamos para que yo pueda competir». No solo sus familiares siguen su carrera deportiva. El estanco y el balonmano se mezclan cuando esos clientes fijos, los «de toda la vida», acuden a realizar sus compras diarias, un número reducido de personas que se ve aumentado cada verano. «Sobre todo vienen los vecinos de la zona, me preguntan por los partidos y por si pueden seguir las competiciones en televisión», afirma orgullosa.
A la viguesa todavía le queda mucho por delante, pero en su trayectoria ya hay algunos logros, el último, el del pasado mes de junio, cuando fue convocada para el Partido de las Estrellas del balonmano español donde las jóvenes promesas de la División de honor se enfrentaron a las guerreras de la selección absoluta. Precisamente a donde quiere llegar Sandra, cuya ilusión sería dedicarse únicamente al balonmano. «Jugadoras como Carmen Martín, que es muy joven y que consiguió estar ahí a base de esfuerzo, me hacen pensar ¿Por qué no voy a poder llegar yo», confiesa entusiasmada. Pero por desgracia el balonmano español no está en su mejor momento y Sandra lo sabe: «Mucho menos el balonmano femenino», dice la viguesa, «las buenas se marchan fuera y el nivel baja, además tampoco se puede vivir de esto, es imposible», afirma.
Pese a todo, Sandra no piensa abandonar su sueño. Por ahora seguirá en el Porriño, donde disfrutará jugando de extremo izquierdo, por lo menos una temporada más, también se puede ver en el estanco de Canido, todo con tal de no tener que dejar atrás su pasión porque la viguesa asegura: «El día que tenga que dejarlo, lo pasaré muy mal».
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