Voluntad de servir

Alicia Fernández LA SEMANA DE...

FIRMAS

25 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Estas tres palabras llenan tan a menudo la boca de muchos políticos que incluso algunos se las creen. Pero es sus labios son palabras vacías, sin sentido y alejadas -¡por desgracia!- de la realidad. Para remarcarlas, un buen número adopta una postura entre Santa Teresa y el Nazareno, entre lo místico y la aceptación de la inmolación, de quien cree nos está haciendo un gran favor a los ciudadanos. Conozco algún caso, todavía en activo, que a los dos días de salir elegido ya se quejaba amargamente por el papelón que tenía delante y que no se marchaba por el compromiso con su jefe de filas; a día de hoy sigue con la misma cantinela, eso sí, cobrando puntualmente su inmerecido y abultado salario. Estos son listillos con voluntad de servir-se.

Hacía esta reflexión al hilo de un homenaje que se rindió en A Pobra do Caramiñal a Carmen Santiago, quien durante 35 años, media vida, estuvo al frente de la Asociación Española Contra el Cáncer en ese municipio; hecho ante el cual no queda más que sacarse la pamela y hacerle una respetuosa reverencia. Y digo ella como ejemplo de las personas que en nuestra sociedad dedican tiempo y esfuerzo a proyectos tan loables como esa asociación, la Cruz Roja, Cáritas, Stop Desahucios o las distintas oenegés y asociaciones. Ciudadanos que creen en lo que hacen, con más o menos conocimientos, con mayor o menor acierto; pero con algo que les identifica y caracteriza: verdadera voluntad de servir a los demás.

A raíz de la degradación que ha sufrido la actividad política, por la profesionalización de sus actores y un sistema endogámico de grandes franquicias que laminan la iniciativa individual y la crítica, un medio que premia la mediocridad servil y favorece la corrupción, hace años que una propone una reválida. Que no es posible fijar legalmente pero que los ciudadanos pueden aplicar a la hora de emitir su voto.

La política mejoraría mucho si a todos los candidatos a cualquier puesto (diputado, senador, alcalde, concejal,?) le hiciéramos la prueba del algodón social: preguntarnos qué ha hecho hasta ese momento por los demás. Si su voluntad de servir es algo espontáneo al calor del ansia de poder y de un buen salario o, por el contrario, viene avalada por una trayectoria de dedicación altruista. Y me valen incluso los servicios prestados en un club deportivo, entidad cultural o de ocio. Algo que diga que esa persona que aspira a «servir a sus conciudadanos» tiene sincera vocación de hacerlo.

Si los miles de cargos políticos, también los miles de aspirantes a serlo, tienen voluntad de servir no hace falta que se dejen la piel y se den navajazos por las poltronas públicas. Hay muchos otros puestos que no tienen pretendientes, de hecho personas como Carmen Santiago los ocupan 35 años porque no hay quien quiera coger el testigo. Ganarán menos dinero, tendrán menos poder y no podrán hacer favores a los amiguetes pero cuando se «jubilen» de ellos podrán lucir una bonita sonrisa por la satisfacción personal del deber cumplido, como ellas. A sus pies doña Carmen.