La publicidad, para qué engañarnos, es el arte del engaño. Nada ha cambiado desde el vendedor de crecepelo del Oeste, aquel parlanchín que, cuando los lugareños descubrían que su brebaje era como mínimo inocuo, acababa cubierto de brea y emplumado en las afueras del pueblo. Los vendedores de crecepelo todavía hoy imitan a Don Draper, como si para tener estilo bastase vestir trajes caros, paladear el whisky en vaso ancho y echar el humo por la nariz con cierta elegancia. En el fondo, no entendieron la frase de Wilde en La importancia de llamarse Ernesto, cuando Lady Bracknell (cuaderno y lápiz en mano) interroga a Gresford:
-¿Fuma usted?
-Sí, debo confesar que fumo.
-Lo celebro. Todos los hombres deben tener alguna ocupación, sea cual sea. Hay demasiada gente ociosa en Londres.
Los charlatanes de Madison Avenue y sus imitadores leyeron mal el libro (en diagonal, o de reojo) y se creyeron que, en efecto, fumar es un trabajo como otro cualquiera.
Madison
Errata Naturae lleva ahora al papel la galaxia de Draper con la publicación de Mad Men o la frágil belleza de los sueños en Madison Avenue. Una charla con el creador de la serie, Matthew Weiner, abre el libro, que incluye reflexiones y apuntes de, entre otros, Jorge Carrión, Raquel Cristóstomo y Enric Ros, y un deslumbrante texto -¿artículo, ensayo breve?- de Enrique Vila-Matas: Peggy no se casó.
Recuerda el autor barcelonés cómo la televisión desembarcó en su vida con Lo inesperado, en los tiempos en que había un solo anuncio (de Martini) en el canal único, y cómo Mad Men evoca en cierto modo aquel momento en que todo estaba a punto de cambiar. En la serie, como subraya V-M, la sutil Peggy Olson, y no el macho alfa Draper, es la auténtica protagonista: «Peggy vista como un fragmento que rompe, quiebra y acaba cantando al fondo de alguna sala, aniquilando cualquier posible última ilusión anticuada de plenitud decimonónica». Porque, a fin de cuentas, concluye Vila-Matas, «quizá el XIX fue el siglo de las grandes novelas y el XX, en cambio, la era del fragmento, el reencuentro de lo narrativo con su esencia, con el cuento». Con Cheever o Mad Men.