A Marronda: un bosque

Juan Carlos Martínez EN EL COCHE DE SAN FERNANDO

FUGAS

04 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Un bosque es un bosque, y no una plantación de árboles. Para que sea un bosque tiene que oírse el silencio y, una vez alejados de carreteras y cafeterías, notar esa sensación sobrecogedora que venimos sintiendo desde hace un millón de años, porque somos animales de pradera y en el bosque se esconden seres más fuertes que nosotros.

Por suerte aún nos quedan unos cuantos. Para los que vivimos en las provincias del norte, si nos asalta la necesidad de bosque, una elección ideal es la fraga de A Marronda, en Baleira. Se puede ir desde Lugo por la provincial 106 a Castroverde y O Cádavo, la capital del municipio que buscamos, y de allí hacia el norte, en dirección a Meira. A los siete u ocho kilómetros, en una rotonda, hay que coger a la derecha, hacia la aldea de A Braña. Poco más se anda en coche. Veremos los letreros de madera que señalan los senderos de la fraga. A partir de ahí, a pie, por donde el mapa nos marque, bien hacia los altos (A Cruz da Nena) o bien pegados al curso del Eo recién nacido.

El bosque, ahora mismo, todavía está transparente, y los árboles sin hojas dejan ver el relieve ondulado de los montes. Empezaba a teñirse de rosa, por los brotes de los carballos, pero vino el frío polar y mandó que la primavera esperase un poco más. A partir de ahora el rosa volverá a tomar impulso frente al gris, y será el momento de venir a disfrutar de este renacimiento. Se escucha el silencio, y lo rompe la carcajada de un peto, un pájaro carpintero verde, amarillo, blanco, negro y rojo. En unas semanas tocará el tambor en una rama seca y dura, reclamando pareja. Ojalá podamos volver.