Un siglo de silencios

FUGAS

El «amexicano» Beto Hernandez firma una obra monumental montada alrededor de un personaje secundario y un gigantesco árbol genealógico. Es toda una vida en páginas, con todas sus aristas, con sobresaltos, con elementos del realismo mágico y con una galería de personajes y situaciones que encajan de forma magistral

27 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Cien años en un centenar de páginas dibujadas parece una temeridad de resumen. Y lo es. Cuando uno termina de ver la última viñeta de Beto Hernandez le queda la sensación de extrema rapidez, de brevedad. Objetivo conseguido por el creador estadounidense de origen mexicano (esto es clave en toda su obra). Porque al final de lo que habla El día de Julio es de la facilidad con la que pasa la vida por delante de uno, sin que seamos capaces de reparar en ello. Cien años que parecen un día, en este caso el día de un hombre (el que da título a la obra) aparentemente secundario que ve cómo la desgracia y alguna pequeña alegría van cayendo sobre su familia mientras él observa.

La construcción de la historia es extraordinaria. Hernandez es capaz de exprimir en una página -en siete u ocho viñetas, más bien- acontecimientos sobresalientes como la desaparición de un niño, la enfermedad, los abusos infantiles, la homosexualidad reprimida... Y todo va pasando. Pasan los abuelos, los padres, los hermanos, los sobrinos, los hijos de los sobrinos, sus nietos... Y Julio siempre sigue ahí, en un pequeño lugar de un desconocido punto de Norteamérica. No hace falta que nos diga cuándo, porque advertimos la llegada de la primera Guerra Mundial, de la segunda, de la gran crisis estadounidense, de Vietnam... Pero también de cómo se van derribando algunos prejuicios sociales, del desarrollo de las ciudades, de la apertura sexual o de la irrupción del sida. Y la vez se habla de la amistad a lo largo de una vida, de la familia, de la venganza. Temas universales. Y mientras, todo va fluyendo con total normalidad. El relato cambia de personajes y da saltos adelante sin chirridos. Y cuando uno se da cuenta está Julio tumbado, anciano ya, acurrucado en la cama junto a su ancianísima madre. Es el final de un denso río narrativo en el que encontramos pinceladas de realismo mágico que puede llevar a identificar esta hombre con los Cien años de soledad de García Márquez. Sería injusto hacerlo por exagerado y por manido.

El día de Julio. Cómic. Beto Hernandez (guion y dibujo). Editorial La Cúpula. Blanco y negro. 116 páginas. 12 euros.