«Ir de divo por la vida es complicarse las cosas»

Canta en los mejores teatros del mundo, tiene su agenda completa hasta el 2020 y ya sabe lo que es el éxito con mayúsculas. Cuando empezó le llamaban «el policía cantante», hoy se ha ganado a pulso ser uno de los mejores tenores del momento.

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Le encanta la música y escucha desde salsa y bossa nova hasta pop y rock, le gustaría cantar en Canarias, su tierra, y se pierde por unas ricas papas arrugás. Se define como un tipo simpático, sociable y cercano. «Me gusta facilitar el trato. No pongo distancias con la gente. No me sale», asegura. Jorge de León (Santa Cruz de Tenerife, 1970) se encuentra feliz y contento de regresar a Madrid. Nos reunimos con él una calurosa mañana en el Teatro Real. Es un gran conversador y salpica la charla con risas y anécdotas personales. Hablamos sobre su trayectoria y sobre la otra cara del éxito y descubrimos la faceta más personal del cantante, la de padre: «En más de una ocasión, mientras cantaba en casa algún aria, las niñas me han dicho: ‘Papá, por favor, no cantes tan alto que no nos dejas escuchar a Justin Timberlake’», confiesa entre risas.

 -¿Qué supone para Jorge de León regresar al Teatro Real y de la mano de la popular ópera «Madama Butterfly»?

-Cantar en el Real es siempre una alegría, todo un orgullo y una gran satisfacción, pero también es una tremenda responsabilidad, porque este escenario impone mucho respeto. El Real es el Real nunca hay que olvidarlo. Y cantar «Butterfly» es fabuloso. Mario (Gas) ha hecho una producción muy bonita y el elenco es extraordinario. No se puede pedir más. Estoy encantado de regresar a este teatro que tantos buenos recuerdos me trae.

-Precisamente, fue en Teatro Real y en el 2010 cuando obtuvo un gran éxito con su interpretación en la ópera «Andrea Chénier».

-Sí. Lo que sucedió aquella noche en el Real fue algo mágico, una ensoñación. Algo que uno nunca imagina que puede vivir y sucedió. El público enloqueció regalándome largos minutos de aplausos y bravos y la crítica valoró muy positivamente mi actuación de aquella noche. Fue impresionante e inolvidable.

-Poca gente sabe que antes de convertirse en un reconocido cantante de ópera, trabajaba como policía municipal en su Canarias natal.

-Lo mío desde chico fue el canto. Me entusiasmaba cantar y admiraba a los grandes Plácido Domingo, José Carreras… pero había que ganarse la vida y tras prepararme las oposiciones para policía municipal saqué mi plaza. Pero nunca olvidé mi sueño y empecé a cursar los estudios de canto. Recuerdo con cariño que me llamaban el policía cantante. Fueron años difíciles, de mucho esfuerzo, compaginando el trabajo de policía y los estudios de canto, presentándome a audiciones, empezando a realizar mis primeros papeles… hasta que debuté en el año 2000. Y poco a poco empezaron a surgirme más proyectos y mi carrera empezó a despegar.

-Su vida dio un giro de ciento ochenta grados. ¿Se imaginó en alguna ocasión que llegaría a tener tanto éxito y que sería considerado como uno de los mejores tenores de esta nueva generación de cantantes?

-No. Nunca. Yo soñaba con dedicarme al mundo del canto, que era lo que me enriquece y me hace feliz, pero jamás pensé que me iba a dirigir Zubin Mehta, Lorin Maazel o iba a compartir escenario con las grandes estrellas de la ópera. Mi sueño de niñez se ha hecho realidad.

-Si hay algo que persigue a los cantantes de ópera es el divismo. Confiese, ¿qué tiene usted de divo?

-No me considero un divo. Para mí ser un divo con mayúsculas es complicarse la vida, porque pones una barrera entre la realidad y la ficción y pierdes de vista la realidad. Es cierto que los cantantes vivimos en una falsa realidad y que sentir el momento divo no está mal para dar mayor credibilidad al personaje, pero yo, Jorge de León, soy una persona cercana y sociable y que no tiene estridencias.

-Pero seguro que ya tiene como mínimo cerrada su agenda para el próximo año o ¿no?

-El 2018 y el 2019 ya están completos. Y el 2020 está ya muy avanzado. Estoy muy contento.

-Y ¿no siente vértigo ante tanta planificación?

-Vértigo no. Me da tranquilidad y a la vez supone mucha responsabilidad. Porque no quiero perder mi línea y además quiero seguir progresando como cantante pero haciendo las cosas bien como hasta ahora.

-¿En algún momento se ha parado para echar la vista atrás?

-Por supuesto. De vez en cuando me gusta repasar mi trayectoria desde mi etapa en la escuela de canto, mis primeros papeles como partiquino hasta mi debut en los grandes teatros como el Real, la Scala o el Metropolitan. Me sigo viendo con los ojos de un niño, pero los años han pasado y mi vida ha ido cambiando en todos los sentidos. Han nacido mis hijas, mi padre ya no está con nosotros. La vida.

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