«¿Una palabra que me defina?: tormenta, con eso lo digo todo»

A los 40 decidió que había llegado el momento de escribir una novela y, tras cuatro años de intenso trabajo, publicó «Palmeras en la nieve» (2012), que no solo se convirtió en un superventas, sino que dio el salto al cine con gran éxito de público. Tras «Regreso a tu piel», su segunda obra, la que fue alcaldesa de Benasque en el 2015 regresa con su celebrado trabajo «Como fuego en el hielo».

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Siente pasión por los caballos, es fan de las novelas policíacas de Joe Nesbo y Pierre Lemaitre, anhela tener tiempo para escribir y leer y asegura que la palabra que mejor la define es tormenta. Casi nada. Detrás de la escritora superventas, descubrimos a una mujer cercana y sencilla, que vive en la montaña y que disfruta hablando de libros y del oficio de escribir. Un sueño que ha hecho realidad.

-«Como fuego en el hielo» es su tercera novela. ¿Contenta con la acogida del público?

-Mucho. La respuesta de los lectores a través de las redes sociales y en las ferias está siendo estupenda. La verdad, tras los dos éxitos anteriores, estaba un poco nerviosa, porque una nunca está segura del todo si gustará o enganchará a los lectores. Y a nivel personal, te confieso que aunque sea la tercera, estoy disfrutando más de todo el proceso, porque lo estoy viviendo con más serenidad y con más detenimiento.

-¿Qué vamos a descubrir si nos adentramos en sus páginas?

-Para empezar es una novela romántica que muestra la vida rural y la situación política en los pueblos pirenaicos en el siglo XIX. En ella cuento la historia de amor, honor y superación entre dos jóvenes en una época de guerras carlistas y revoluciones. Esta tercera novela trata sobre la vida, o lo que supone vivir: decidir. Lo que determina a los personajes es eso: el hecho de decidir.

-¿Es un homenaje al romanticismo?

-Sí. Esa combinación de la montaña como símbolo del movimiento romántico, de la naturaleza a la que vas para escapar de la civilización, donde casi te encuentras en contacto con lo divino, es el sentimiento inicial que me llevó a trazar una historia de amor, de deseos de superación y de conflictos morales en un entorno de mediados del siglo XIX.

-Ahora que ya han pasado cinco años desde que se convirtió en un fenómeno literario gracias a su primera novela, «Palmeras en la nieve», ¿cómo recuerda aquella etapa?

-Como una auténtica revolución. Fue impresionante la acogida de la novela. La gente me paraba continuamente por la calle para decirme que les había encantado mi historia. Cuando iba a las librerías y veía mi libro entre los más vendidos con mi foto, pensaba: «¿Soy yo?». Y segundos después reaccionaba y me decía: «¡Claro que soy yo! Lo he conseguido». Fue muy emocionante compartir el agradecimiento de la gente y los lectores, el cariño que me demostraron mis hijos, mi marido, mi madre, mis amigos. Fue algo irrepetible.

-¿Recuerda alguna felicitación o algún comentario que le llegara especialmente al corazón?

-Sí. Un señor mayor me escribió una carta preciosa y muy emotiva para felicitarme por la novela. Se despidió diciéndome: «Gracias por hacerme sentir de nuevo joven». Me emocionó mucho.

-Hablemos del oficio del escritor. ¿Cómo escribe? ¿Qué esquema sigue a la hora de crear sus novelas?

-Lo primero es decidir el contexto sobre el voy a narrar la historia. Con Palmeras en la nieve, tuve un pálpito sobre Guinea. Recuerdo que ya me rondaba en la cabeza. Entonces, empiezo a documentarme. Durante esta etapa soy como un detective que no para de investigar sobre el contexto histórico del que voy a escribir. Después desarrollo la trama, voy creando personajes, protagonistas y antagonistas, perfilando personalidades. Y cuando ya tengo la historia en la cabeza hasta el punto de que la puedo ver como si fuera una película, entonces me siento a escribir. Y luego releo y releo y siempre me toca pulir muchísimo y eliminar todo lo que sobra. ¿Tú sabes la rabia que da romper diez folios, cuando pensabas que eran estupendos?

-Sus personajes femeninos son fuertes, con carácter y afrontan los avatares de la vida con coraje y sin amedrentarse. ¿Están inspiradas en personas reales?

-Bueno, de alguna forma. Tienen una pincelada de mi madre, de mi tía, algo de mí. En mis personajes femeninos se pueden encontrar a muchas mujeres de donde vivo, de un entorno donde la naturaleza es salvaje y en ocasiones provoca momentos difíciles.

-¿Cómo crea los títulos de sus novelas? Todos tienen un tono romántico.

-Pongo un título provisional en una carpeta en el ordenador y luego voy jugando con las palabras. Con Palmeras (en la nieve), recuerdo que primero escribí Guinea, después puse La huella que dejaron las palmeras en mí. Y pensando, pensando salió Palmeras en la nieve.

-¿Escribe las historias que le gustaría leer o lo que le gustaría vivir?

-En todas las novelas liberamos ese yo oculto y misterioso, y muchas sombras. Y tiene algo de catarsis, sobre todo hoy, que es peligroso decir siempre la verdad. Es un placer poder contarlo en una novela y que nadie te replique. El poder que te da escribir lo que te da la gana es catártico, porque la vida no es así.

-¿Qué personaje de la literatura le ha dejado una huella imborrable?

-Heathcliff, el personaje de Cumbres Borrascosas, creado por Emily Brönte. Es un tipo malo, hosco y que está amargado, pero a la vez comprendes su dolor y su sufrimiento. Tiene esas dos caras que hace que sea muy atrayente.

-¿Cuál es la novela que más veces ha leído?

-«La luz entre los océanos» de M.L. Stedman. Según la terminé, empecé de nuevo a leerla. Es fascinante.

-¿Qué lee una escritora superventas?

-Leo mucho menos de lo que me gustaría. Siempre tengo presente a los clásicos y me gusta ir al día de lo que se va publicando. También me interesa mucho la filosofía, pero por placer me encanta leer novelas que me evadan, que no sean profundas, de género histórico, romántico, incluso policíaco. Soy fan incondicional de Joe Nesbo y de Pierre Lemaitre.

-Vayamos a su faceta más personal. ¿De niña ya escribía?

-Sí. Recuerdo que gané un premio por una redacción que escribí sobre una excursión que hicimos a Rioleón Safari con el colegio. Me regalaron un libro sobre personajes bíblicos. No tenía ni una falta, porque los profesores eran muy severos con la corrección ortográfica.

-Hoy ha logrado el éxito profesional como escritora. ¿Qué anhela?

-Tener tiempo para mí, para estar tranquila leyendo y escribiendo.

-¿Y ha hecho realidad su sueño personal?

-Sí, desde luego. Desde siempre he soñado con ser granjera, vivir en el campo junto con mi familia, rodeada de animales y con tiempo para poder escribir y leer. Y el sueño se ha hecho realidad. Es mucho más de lo que yo siempre imaginé.

-Ha mencionado a su familia. ¿Sus hijos han leído alguna de sus novelas?

-No. Tienen doce años y aún no les enganchan las novelas. Tienen otros intereses. Vieron la película de Palmeras en la nieve y les sorprendió mucho. Cuando salimos del cine, me preguntaron: «Mamá, ¿esta historia ha salido de tu cabeza?». La gran fan de mis novelas es mi madre. Le entusiasmó, porque según ella tiene amor, pasión e historia.

-¿Y su marido?

-Cuando escribí Palmeras en la nieve me acuerdo que le fui pasando los capítulos y él se los fue leyendo. Pero nunca me dio consejo. Desde que empecé a escribir siempre he contado con el apoyo incondicional de mi marido.

-Por cierto, ¿cómo fue ver «Palmeras en la nieve en el cine»?

-Pues una mezcla extraña. Pero también muy emocionante. Tengo que reconocer que mucha gente se han acercado a la novela por la película. El cine tiene mucho poder, porque es muy cómodo y lo entiendo. Me gustó.

-Una ilusión.

-Después de treinta años he vuelto a estudiar piano, porque relaja muchísimo. Mi mayor deseo es que mis hijos sean felices.

-Una pasión.

-Los caballos. Estoy enganchada a los caballos. Me apasionan.

-Una palabra que defina a Luz Gabás.

-Tormenta. Con eso lo digo todo.

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«¿Una palabra que me defina?: tormenta, con eso lo digo todo»