«Ponme a una Meryl Streep en mi vida»

Estudió Arquitectura, pero confiesa que ya no podría abandonar la interpretación. Tras su paso por «Amar es para siempre», este joven actor nos deslumbra en su papel como Sergio en «Velvet Collection», un «spin-off» que se emite en Movistar +.


La fama de Fernando Guallar no hace más que crecer. Dio el salto al papel de protagonista con la ficción Velvet Collection, de Movistar +. La serie ocupará un lugar importante en el Festival Conecta, para el que se han preparado proyecciones de capítulos y exposiciones de los trajes de los personajes. Antes de empezar en el exitoso spin-off de la cadena de pago, Fernando era conocido por su papel en la serie Amar es para siempre, que se emitía a diario en Antena 3.

-¿Te costó mucho adaptarse al cambio de papeles?

-Bueno, el cambio era bastante sustancial en muchísimos aspectos. Amar es para siempre es una serie diaria, por lo que el trabajo es totalmente distinto. El ritmo era mucho más frenético. También difería mucho el tipo de personaje. Sergio es el protagonista de Velvet Collection, junto a Marta Hazas. Al ser un personaje más grande, también conllevaba más responsabilidad.

-¿Cómo fue tu último día en «Amar es para siempre»?

-Estaba tan emocionado por dejar la serie que en la última secuencia que grababa era incapaz de hablar. Tuvimos que cortar muchas veces. De hecho, el equipo también estaba llorando. Recuerdo ese día como un reto.

-Pero al final fue un cambio para bien. El público te acogió de con muchas ganas...

- Sí, bueno, yo tenía miedo, no te lo voy a negar. Al principio me decían: «Va a ser difícil, va a ser difícil», porque venimos de cuatro temporadas con Miguel Ángel y Paula. Pero bueno, estoy muy contento con la acogida del personaje y el trabajo hecho.

-¿Cómo llevas que te etiqueten como el guapo de la serie?

-Bueno, pues siendo muy sincero, al principio lo llevaba muy mal. Era como: «Ay, jo, no solo soy el guapo». Ser guapo, además, es algo subjetivo. Habrá gente a la que se lo parezca y a otra a la que no. A veces me comparan con Miguel Ángel Silvestre y las comparaciones son odiosas. No nos parecemos, ni en el físico ni en nada. Pero bueno, luego ya aprendes a crear el personaje y a desvincularte de ese tipo de comentarios para trabajar bien. Pero sí, es cierto que existe una etiqueta del galán, el guapo… Me parece mucho más bonito que te llamen galán que guapo, por cierto.

-¿Te gustaría vivir en la época en que está ambientada «Velvet»?

-Estamos rodando los años 70 y sí, me encantaría. Aunque Velvet es bastante atemporal. Está totalmente desvinculada de cualquier tema social o político de esa época. A mí me parece que es un momento muy interesante y que me apetecería vivir con algún personaje que no sea de la alta burguesía. Es la época del fin del régimen de Franco… hay muchos acontecimientos importantes y que en Velvet no se ven reflejados.

-¿Cuál es el rodaje más complicado al que te has enfrentado?

-Rodar con frío es siempre muy difícil. Recuerdo en una ocasión que no podía ni hablar porque se me helaba la boca. Me ha pasado dos veces. El frío te paraliza y te tensiona todo el cuerpo. Por muchas camisetas y mallas térmicas que te pongan el frío no mejora en los rodajes.

-¿Cómo consigues desconectar después de un día de rodaje?

-Durante todo el día estoy con música porque consigo evadirme e ir a otras partes. Pero cuando realmente termino el rodaje lo que hago, si es ya muy tarde, es llevar a mi perro de paseo. Si no, quedar con amigos y tomarme una cerveza en una terraza. Creo que es algo totalmente necesario, porque cuando estás rodando durante tantas horas y tantos días acabas en una burbuja y necesito obligarme a salir de ahí.

-¿Cómo haces para poder memorizar todos los guiones?

-Para mí la memoria es un músculo, es decir, cuánto más memorizas, más fácil es. Lo importante es estar pendiente de qué es de lo que se habla en la conversación y qué es lo que está pasando. Yo me lo tomo muy a pecho y creo que es también fundamental no solo estudiarte lo tuyo, sino saber lo de tus compañeros, porque así aunque no lo digas exactamente al pie de la letra, ya sabes qué te va a preguntar y hacia dónde va la conversación.

-Sales en «La catedral del mar», pero pasas bastante desapercibido….

-Sí, es una historia curiosa. Cuando empecé el proceso de cásting de La catedral del mar había un personaje que era muy bonito y que me gustaba mucho, pero me llamaron para Amar es para siempre y se cayó ese papel en La catedral del mar. Pero al final me acabaron llamando para un pequeño personaje en el que cuesta mucho reconocerme. Me pusieron una barba enorme que, acostumbrados a verme afeitado en Amar es para siempre, pues chocaba. Era un capitán, pero solo aparecí en el segundo capítulo.

-¿En qué más trabajos estás metido?

-En enero del año que viene estreno la película Gente que viene y bah con Clara Lago y, aún sin fecha de estreno, está una película que se llama Amor, no me llame Amor, que es un trabajo documental sobre el seguimiento de la construcción del personaje del Caballero de Olmedo de Lope de Vega.

-¿Cómo fue el proceso hasta conseguir tu primer papel?

-Llevó muchos años. Al principio en las pruebas me decían que estaba muy verde, lógico y normal, porque aún no había acabado mis estudios de interpretación. De repente, un día te iban saliendo algunas figuraciones, pequeñas frases en capítulos de series y poco a poco iba in crescendo, hasta que me dieron el papel en Amar es para siempre.

-Estudiaste Arquitectura. ¿Si tuvieras que dejar el cine ejercerías esa profesión?

-No, yo ya no puedo dejar el cine. Para mí se ha convertido en un estilo de vida. Pase lo que pase buscaría la forma de mantener la interpretación en mi vida, aunque soy consciente de que es una profesión con muchos vacíos, bajones, pausas…

-De pequeño ya querías ser actor, era tu sueño…

-Sí, sí, desde muy pequeñito. Recuerdo que con ocho años ya me gustaba mucho el teatro. Es curioso, porque cuando eres un niño es cuando menos prejuicios tienes, cuando vamos creciendo nos ponemos más piedras en la mochila y más opiniones subjetivas tenemos sobre nosotros mismos. Precisamente los actores tenemos que escapar de eso. Por esa razón muchas veces los niños pueden ser muy buenos actores.

-¿Cuando eras un crío quién era tu referente en el cine?

-Cuando yo era pequeño, remontándonos a mis primeros años de actor, yo era un absoluto ignorante. Yo creo que no tenía ningún tipo de referente. Era un niño que vivía entre Star Wars, Harry Potter y los dibujos animados de La banda del patio. Realmente no era un niño que amara el cine.

-¿Y ahora?

-Evidentemente, mis referentes han ido evolucionando. Siento un respeto absoluto hacia los actores mayores que yo, como Nathalie Poza. Sí que es verdad que aquí en Velvet no puedo estar mejor rodeado al trabajar con Imanol Arias y Adriana Ozores o Pepe Sacristán. Te pones más exigente cuando trabajas con gente tan grande como ellos. En España tenemos unos actores maravillosos, pero también soy fan de actores más internacionales. Ponme una Meryl Streep en mi vida.

-¿Te vemos en la pantalla, pero qué hay en la tuya?

-Actualmente estoy viendo bastantes series. Te confieso que estoy fascinado con El Cuento de la Criada y con la forma de contar la historia.

Llevaba muy mal lo de ser el guapo de la serie

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