Amar a Milena

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Milena Busquets en una imagen de archivo.
Milena Busquets en una imagen de archivo. Andreu Dalmau | EFE

31 ago 2022 . Actualizado a las 14:26 h.

Dice Milena Busquets que nunca leería a un articulista que citase a un escritor en la primera línea, así que, si sigues sus consejos, deberías detenerte en este instante. Seguramente, lo harás cuando sepas que ni siquiera he abierto su último libro, Las palabras justas, y que solo conozco sus reflexiones de oídas, algunas literalmente porque las leía en voz alta Susana Pedreira mientras nos solazábamos con la sombra y la lectura en las hamacas acolchadas en una playa urbana frente a la bahía de Alguero. Mi amiga me citaba con jocosidad y regocijo las frases que, según ella, podía haber enunciado yo y es que, en su opinión, la catalana comparte conmigo la visión de la vida, carnal, desastrosa y frívola.

Y fugaz.

La vida es tan breve que es imposible tomársela en serio, aunque una mujer que tiene tendencia al amor y al desamor suele gustar de abandonarse a cierto dramatismo, pero no es necesario perder el sentido del humor. Como dice la catalana, de amor no te puedes morir; de aburrimiento, sí.

Obviamente, ella además tiene talento y la elegancia de la gente que es rica desde generaciones atrás y arrastra el apellido, el charme y la seguridad de los que crecieron entre obras de arte y música de ópera y estanterías mejor surtidas que la biblioteca municipal. Definitivamente, mis hijas no recogen su cuarto escuchando música de Wagner ni yo paso la tarde con mis amigas visitando tiendas por el puro placer de hablar en la lengua de Proust con el dependiente francés.