Las 15 películas que más nos han enamorado del cine español

Redacción / La Voz

FUGAS

En un barrido por décadas de historia, seleccionamos filmes españoles que son hitos, sorpresas sueltas, clásicos, joyas y «gamberradas» ibéricas, o que encierran miradas o historias que no se olvidan. Cada espectador, un título. Comienza la sesión...

14 feb 2024 . Actualizado a las 17:38 h.

De clásicos indiscutibles a filmes absolutamente originales o títulos recientes que destacan ya en nuestra filmoteca personal. Aquí una pequeña selección de algunas de las películas que han dado personalidad al cine español.

«Pánico en el transiberiano»

Eugenio Martín

Estaba Peter Cushing, héroe de todos los hammeritas, al borde del colapso tras la muerte de su queridísima mujer. Así que, para cambiar de aires, cogió a su camarada Christopher Lee (otro héroe) y puso rumbo a España para rodar esta excesiva y maravillosa película del artesano Eugenio Martín. Un ser de ultratumba mora en un crujiente tren de épocas industriales. También sale Telly Savallas, que ya era una estrellita venida a menos, haciendo de cosaco antipático. Las escenas de la estación están rodadas en el Museo del Ferrocarril de Madrid. Un clásico que aprovecha hasta el último de sus limitados recursos. Peliculón de época. Carlos Portolés

«La caza», de Saura.
«La caza», de Saura.

«La caza»

Carlos Saura

Cada vez que me inquieren por mi película favorita del cine español siempre elijo un Saura. Porque como no ha lugar a destacarlo como un todo, trato de ir equilibrando: aquí Elisa, vida mia, allí El jardín de las delicias, La prima Angélica o Ana y los lobos. La caza es el primer milagro de su cine extemporáneo. Ahí es nada, en la España de 1966 —la de los 25 años de paz— escenificar en el desierto de Seseña, con cuatro actores y una cámara Arriflex, los fantasmas de nuestra guerra incivil. Alfredo Mayo —nuestro proyecto de Errol Flynn del cine franquista de posguerra— Ismael Merlo y José María Prada —actores también fuera de tiempo— supurando en los poros de su piel fotografiada al milímetro por Luis Cuadrado el rencor/sudor de los vencedores, la revolución pendiente. O quién sabe qué. José Luis Losa

Rául Arévalo y Javier Gutiérrez en «La isla mínima».
Rául Arévalo y Javier Gutiérrez en «La isla mínima». internet

«La isla mínima»

Alberto Rodríguez

El filme más sólido del género «negro» a la española en décadas, ya desde sus impactantes planos cenitales de los créditos iniciales, tomados sobre las marismas del Guadalquivir, marco perfecto para una trama criminal bien tensionada, de personajes trabajados (Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo, perfectos como policías) y un ambiente inquietante por envolvente y enfermizo, para investigar varios asesinatos de mujeres. Diez años después, no ha sido superada ni en su aspecto formal (la sombra del serial True Detective ya no la persigue) ni en su inteligente tensión dramática. Inapelables sus diez Goyas, incluida la gallega Nerea Barros como actriz revelación. Consagró a su director. Miguel Anxo Fernández

«Los amantes del círculo polar»

Julio Médem

Nunca deja de sorprender que el romance por antonomasia del cine español lo escribiera un Médem recién divorciado. Quizás para reconstruir un corazón roto o para revivir la pasión de los comienzos. Porque eso es lo que son Ana y Otto, un comienzo eterno. Ambos bailan al ritmo de las casualidades que van entrelazando su niñez, su adolescencia y su vida adulta. Se alejan y se acercan como orbitando uno en torno al otro para acabar reencontrándose en ese lugar del mundo en el que no se pone el sol. Intimista y frágil como el hielo, nos enseñó que no se puede forzar el destino. Todo en la vida es fortuito. Belén Araujo

«Plácido»

Luis García Berlanga

La caridad con el necesitado como herramienta para sosegar conciencias acomodadas es la idea que llevó al director a volcar su ingenio y su humor en una película que tenía por título original «Siente un pobre a su mesa». La censura no lo permitió. Pasó a llamarse como su protagonista, Plácido, que viaja en un motocarro cruzándose con personajes y situaciones que dan a esta película navideña apariencia de comedia con poso amargo. Berlanga, en su cénit. Fue su primera colaboración con el guionista Rafael Azcona. Estuvo nominada al Óscar en 1961. Beatriz Pallas

Luís Tosar y Javier Bardem en «Los lunes al sol» (2002).
Luís Tosar y Javier Bardem en «Los lunes al sol» (2002).

«Los lunes al sol»

Fernando León de Aranoa

No sabía que el cine se podía oler. En los momentos en los que Ana (Nieve de Medina) llegaba a casa después del trabajo, ese hedor a pescado que le repugnaba hasta la obsesión enfermiza trascendía la pantalla. Porque no era solo su cuerpo el que impregnaba; era el de todas las mujeres de la conserva. Hedor para ellas mismas, que traían consigo la tenaz marca de su carga laboral; fragancia para quienes lo sentíamos como signo de que estaban ya de vuelta en casa. Los lunes al sol, por primera vez, hizo que las salas de cine olieran dentro como lo hacía Galicia fuera y a mí me hizo sentirlas, de nuevo, regresando a casa. Paulino Vilasoa

«Báilame el agua»

Josetxo San Mateo

Recuerdo un tiempo largo de insana obsesión por culpa de romantizar como una idiota la calle y la droga, porque el amor todo lo puede, o eso creía yo a mis 18, cuando recién llegada a Madrid salí tan devastada como cautivada de esta historia. Me habían prevenido: remata un día malo y estropea uno bueno, pero obvié el consejo y le di al play. Quedé completamente rendida a Unax y Pilar, a ese «píllate los dedos y deja que te invite a un café». Vuelvo allí, y soy la que ya no soy.  M. Viñas

«Airbag»

Juanma Bajo Ulloa

Perpetrada por el guadianesco director vasco en 1997, Airbag sirvió algo más que una «road movie» disparatada en busca de un anillo extraviado en cierta caverna más oscura que los gayumbos de Sauron. Bajo Ulloa tejió una piel de toro esperpéntica en la que hubo para todos. Un exorcismo a carcajadas que la critica cosió a puñaladas, pero el público encumbró como la película española más taquillera hasta entonces. Pazos, un lendakari negro, el candidato Paíño, Arguiñano a lo suyo y Bardem escupiendo «te ai loviu». La gran gamberrada del cine ibérico. Serxio González

Rosalía, en el centro, en un fotograma de la película «Dolor y gloria». .
Rosalía, en el centro, en un fotograma de la película «Dolor y gloria». .

«Dolor y gloria»

Pedro Almodóvar

Es la gran obra de madurez del maestro Almodóvar. ¡Qué más se puede decir! Fiel a su estilo, el filme te gana porque ves en Salvador Mallo el álter ego del propio cineasta. Sus debilidades, sus frustraciones, sus defectos, sus miedos, sus decepciones... en lugar de ensalzar sus triunfos. Es el dolor que hay detrás de la gloria. Por eso es tan grande. Magistral la actuación de Antonio Banderas. Dejas de ver al malagueño para meterte, con emoción contenida, en la piel de Almodóvar. El alumno aventaja al maestro. Susana Acosta

«Viridiana»

Luis Buñuel

A historiadores, críticos y público se les viene a la cabeza el «Nadie es perfecto» de Con faldas y a lo loco cuando se pregunta por finales perfectos. Pero Paco Rabal repartiendo cartas con ese «la primera vez que la vi me dije: ‘Mi prima Viridiana terminará por jugar al tute conmigo’» de esta cumbre de Buñuel podría disputarle el título. Irreverente, cruel, divertida, cargada de simbolismo y mala leche, con una fantástica fotografía, Palma de oro en Cannes, puso patas arriba al Vaticano y al régimen de Franco. No es solo una joya nacional: es una obra maestra del cine mundial. Antía Díaz Leal

Bárbara Lennie en «Obaba».
Bárbara Lennie en «Obaba».

«Obaba»

Montxo Armendáriz

La ventaja de participar como profano en estas selecciones es que puedes apelar directamente a lo emocional, despojado de tabúes y ajeno a disquisiciones técnicas. Y en ese rincón de las inviolables emociones conservo las que me generó la visión de Obaba. Para entonces ya había leído el subyugante libro de relatos de Bernardo Atxaga y confieso que no le adivinaba desarrollo cinematográfico. Pero la habilidad de Armendáriz, creando una película más caleidoscópica que coral, bella hasta en el dolor, arraigada entre las brumas del paisaje y la identidad de quienes lo habitan, me sobrepasó. Y encima, descubrí a Bárbara Lennie. Carlos Crespo

Laia Artigas encarna a la niña Frida en «Verano 1993».
Laia Artigas encarna a la niña Frida en «Verano 1993».

«Verano 1993»

Carla Simón

No nos distrajo, no quiso impresionar. Carla Simón nos enseñó con baños, batas, lechugas, cabezudos y una fe particular que había otros veranos con más verdad que pudor, otros relatos de la maternidad y la infancia, otra forma diferente de contar el VIH. Que la familia no es solo donde naces, sino qué quieres construir. Verano 1993, Goya 2017 a la mejor dirección novel, tiene madurez. Una revolución sensible en el cine español universal. A ver quién supera el encanto de Verdaguer... A ver quién se atreve a un final tan especial.  Ana Abelenda

«Mientras dure la guerra»

Alejandro Amenábar

Repitiendo aquel famoso «venceréis, pero no convenceréis», Amenábar nos lleva de regreso al enfrentamiento verbal que Miguel de Unamuno mantuvo con el fundador de la Legión en la Universidad de Salamanca en los inicios de la Guerra Civil. Situando a Unamuno en un triángulo dramático cuyos otros dos vértices los ocupan José Millán-Astray y Francisco Franco, la película supone un extraordinario viaje a la segunda mitad del año1936 de la mano del escritor. Candela M. Río

«Camino»

Javier Fesser

Una obra maestra que te encoge el corazón. Un largometraje que no se olvida jamás, aunque muchos no lo podrían volver a ver. Fesser alcanza la excelencia narrando una historia tan dura sobre la muerte a través de la fuerza más poderosa que hay en la vida: el amor. Para ello recurre a la metáfora. La madre le decía a Camino: «Tienes que amar a Jesús», a lo que ella le respondió: «Pero si no hago otra cosa». No hablaban de la misma persona... Xavier Fonseca

«El extraño viaje»

Fernando Fernán Gómez

No todas las películas cuentan con un director como Fernán-Gómez, un guion de Pedro Beltrán, una historia ideada por Berlanga y un reparto perfecto dentro de su singularidad, encabezado por el terrorífico Jesús Franco haciendo el papel de su vida junto a Rafaela Aparicio. Este thriller rural de inquietante atmósfera, rodado en 1964 y secuestrado por la censura hasta los setenta, contiene de alguna manera todo lo bueno del cine español, tanto el que se hizo antes como el que vino después, ya que resulta difícil imaginar, por ejemplo, cualquier cinta de Álex de la Iglesia sin remitirse a esta película. Fernando Molezún