Manel Loureiro: «Colgué la toga en el 2012, vivo de esto, cada día me pellizco»

FUGAS

JAVIER OCAÑA

El escritor pontevedrés vuelve a situarse en lo más alto de las listas de los libros más vendidos con su última novela, un envolvente «thriller» en la siempre sugerente isla de Ons

26 jul 2024 . Actualizado a las 16:02 h.

El protagonista de la última novela de Manel Loureiro (Pontevedra, 1975) es un escritor que para inspirarse se recluye en una isla. Seguro que muchos lectores la conocen y visitan en estas fechas, es Ons. Sin embargo, Roberto Lobeira lo hace en el peor momento, en invierno, casi vacía y aislada por los temporales.

Cuando ya podemos ver las primeras imágenes del cartel de su zombie Apocalipsis Z con el puente de Rande de fondo, la película de Amazon de su primer libro, Loureiro está en plena gira presentando Cuando la tormenta pase (Planeta). Es ya uno de los títulos más vendidos este verano y promete tenernos atrapados con este absorbente thriller.

—La pregunta es obligada: ¿por qué Ons?

—Por su singularidad. La isla está enfrente de uno de los lugares más densamente poblados de Galicia, las Rías Baixas. En verano es un destino turístico de primer nivel. En invierno, cambia por completo. Queda prácticamente vacía, sin comunicación directa con tierra salvo algún barco privado y, muchas veces, hay semanas completas en las que es imposible hasta eso por los temporales, que dejan fuera de servicio el único muelle por el oleaje. Inaccesible, con luz eléctrica solo unas horas al día... ¿Cuántos sitios de España hay en esta situación? Pocos. Era el escenario perfecto para contar un thriller.

—Para documentarse estuvo en la isla en invierno. ¿Se le hizo larga la estancia?

—Fui en febrero, con muy mal tiempo, en un barco de Puertos del Estado. Pedí permiso a los titulares del faro para pernoctar. Ahora, ni siquiera están ellos, el faro se ha automatizado. Las Navidades del 2023 fueron las últimas que pasaron allí. La isla es un parque natural pensado para acoger a miles de turistas. Cuando está vacía puedes pasar horas sin ver a nadie. En invierno Ons es bastante desasosegante. Si me preguntan qué me llevaría a una isla desierta, lo tengo claro: gente.

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—El escenario, Ons, es otro protagonista. ¿Funcionan mejor los lugares fríos e inhóspitos, a lo «noir» escandinavo?

—El género negro tuvo una explosión brutal en los países nórdicos. Su clima, el paisaje humano y el natural invitaban a contar este tipo de historias que resuenan en todo el mundo y son una demostración de que nos tenemos que sacar de encima el cosmopaletismo, que es lo contrario al cosmopolitismo. Podemos contar cosas desde aquí que emocionen en cualquier parte del mundo. Se nos ha sacado un poco esa tontería de la cabeza. Por mil pequeños detalles, Galicia genera un efecto de atracción maravilloso. Hay un elemento de intriga, de emoción que empata con muchísimos lectores.

­—Contrabando, drogas, el campo en decadencia, ¿no son temas muy manidos cuando hablamos de las Rías Baixas?

—Forman parte de la realidad, y es una parte fea, muy fea, pero no por fea se puede obviar. No solo tienes que hablar del oleaje bucólico en invierno si ambientas aquí una historia, también de las cosas que no nos gustan porque todo eso, los colores claros y oscuros, lo limpio y lo sucio, es lo que forma la imagen completa.

 

—Cuando Roberto le pregunta a uno de los isleños por qué quedó allí, este le da una respuesta sencilla. ¿Ese «soy de aquí» lo explica todo?

—Es una sencillez avasalladora. Es donde encaja, es su sitio. Y esa es una de las claves de la novela. Roberto llega a un lugar donde la gente que vive ahí lleva tanto tiempo en la isla que ya forma parte de ese escenario. El único que es un elemento ajeno es él, y por eso va a ser el detonador de todas las tensiones y misterios que van a saltar en cuanto ponga un pie en tierra.

—¿Las personas se dividen entre las que se van y las que aguantan?

—Están los que resisten, los que ponen tierra de por medio y los que no tienen más remedio que quedarse, un tercer grupo muy importante. Esta es una historia triste, de un entorno rural, de un mundo que se apaga. Cuando se muera, lo conoceremos solo a través de vídeos, de historias que hayamos visto o leído, pero ya no estará vivo. Estamos asistiendo en directo a la muerte de la última generación que mantiene vivos esos sitios. Por eso, me gusta hacer un canto en el que los protagonistas estén anclados en ese entorno, tienen historias muy poderosas que contar.

JAVIER OCAÑA

—Dos familias enfrentadas que se reparten los negocios de la isla, un furtivo, una curandera solitaria, un escritor que cambió de profesión, ¿cuánto hay de real?

—Siempre trasladas un poco de ti mismo al protagonista, pero, por supuesto que los habitantes de Ons, los reales, no se parecen en nada a los Freire y Docampo del libro, dos familias egoístas e implacables. La gente de Ons es honesta y hospitalaria y merece la pena que se le rinda una visita. Espero que disfruten de la novela como los demás lectores, que se emocionen al leer su isla reflejada en un libro.

—Como en todo libro de Manel Loureiro no podía faltar ese toque oscuro, esotérico.

—Me gusta siempre dar una pincelada. Al final, es inevitable que contemos las cosas como entendemos el mundo. En Galicia, con todo el trasfondo cultural que nos hace ligeramente diferentes, eso se acaba trasladando a cómo contamos.

«Los gallegos tenemos que luchar contra el cosmopaletismo»

­—El protagonista viaja a Ons en invierno para aislarse y escribir un libro. Antes era periodista. Y usted, ¿echa de menos los tiempos de abogado en Pontevedra?

—Colgué la toga en el 2012. Llevo viviendo únicamente de la literatura 12 años y reconozco que soy un privilegiado. Menos de cien personas en España están en esta situación. Mis libros se colocan entre los más vendidos, hay adaptaciones audiovisuales... todos los días me pellizco y doy gracias porque aún no me lo creo.

­—Entre esos hitos de los que puede presumir está el de haber entrado en el mercado norteamericano. ¿Es tan difícil como parece para un escritor cuya lengua no es la anglosajona?

—En mis primeros libros, pensaba: «¿Y esto le va a importar en serio a un señor de Wisconsin?». Y resulta que sí, que son historias universales y que si leemos historias ambientadas en Londres o París, ¿por qué no puede ser al revés? El norteamericano es el mayor mercado literario del mundo, solo el 5 % de los títulos que se publican son de autores no anglosajones, en ese 5 % nos tenemos que apretar todos. Conseguir ser publicado allí ya es un reto, tener éxito es más extraordinario todavía. Me encantaría decir que todo depende del trabajo y del talento, pero no. Tiene que haber un componente de suerte muy importante, que en mi caso se dio.

­—Después de varios éxitos, ¿sigue sintiendo el gusanillo, el vértigo por si el último libro no funciona?

Cuando la tormenta pase viene subido en el Premio de Novela Fernando Lara, que han ganado gente como Umbral, Terenci Moix, Zoe Valdés o Sánchez Dragó. Eso te da la tranquilidad de que, malo, malo, no debe de ser. Cuando sale al mercado y ves que conecta con los lectores, ahí es cuando te empiezas a relajar un poco, aunque nunca te relajas del todo. No puedes perder la perspectiva, cada nuevo libro es un desafío.

—Y hablando de desafíos, la apuesta fuerte de Amazon en España para este otoño es la adaptación de su primer libro: «Apocalipsis Z». ¿Le ha gustado?

—Se va a estrenar simultáneamente en 192 países. Estoy encantando y al mismo tiempo aterrorizado, 500 páginas no caben en dos horas de película, hay cosas que inevitablemente cambian. Yo ya la he visto, creo que los espectadores van a disfrutar de una gran película de aventuras.

—¿Qué sensación busca provocar en el lector cuando escribe?

—Concibo la literatura como diversión. Leer tiene que ser divertido, y más en un thriller, que es una sucesión de enigmas, de misterios, de desafíos a la inteligencia del lector. La literatura es evasión también, que el rato que estás leyendo te olvides de todo y te caigas dentro de ese libro. Y por lo que estoy viendo, tras más de un mes en el mercado, eso es lo que está logrando la novela, que mucha gente tenga su momento de disfrute.