Abrazar al caballo

MERCEDES CORBILLÓN

FUGAS

09 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Es enero, el mes de todas las posibilidades que se desvanecen en cuanto llega febrero o quizás mucho antes, cuando los Reyes se van a hacer la pascua a otra parte, puede ser una militar en estos tiempos en que los más fuertes son también los más dementes y lo armado cobra más sentido que nunca. O cazas o eres cazado, no hay magia que cambie esa premisa y los pacifistas que ayudamos a las arañas a salir de casa antes de matarlas con la escoba, nuestra única empuñadura, miramos alrededor con los ojos alucinados de un cervatillo deslumbrado en medio de la calzada por las luces de un camión.

El mundo se derrumba y nosotros no nos enamoramos, preferimos someternos, aunque no sabemos a quién, si a Dios o al diablo que acaban por parecerse bastante en sus caminos sobre la tierra. Lo mismo da el este o el oeste. Nosotros, los europeos, balbuceamos en el medio intentando ser el reservorio ordenado y elegante de la humanidad. Sin suerte, también aquí nos crecen las plantas invasoras que no son inmigrantes ilegales soñando con ganarse el pan y la ciudadanía, esa entelequia que decidimos como medida de la existencia, sino fascistas de nuevo cuño, enemigos de la democracia que ven el mundo en castas, si ellos están por arriba, todo va bien; empujando todos, desde dentro o desde fuera para derrumbar el faro del humanismo hasta hacerlo desaparecer incluso del discurso, el único lugar donde vivía protegido. El disimulo, al menos, era un bonito vestido que nos protegía de nosotros mismos. Ahora ni siquiera las palabras nos amparan, el racismo ya no se esconde, se grita en los despachos ovales, en lo mítines o en las calles. El apocalipsis es una vieja chillándole chino de mierda vete a tu país al chaval del bazar que nació en el mismo hospital donde ella irá a morir. El chico enrojeció de ira y le devolvió el insulto. Nos quedamos todos inmóviles hundidos en el odio derramado. Pensé en Nietzsche abrazando al caballo azotado con crueldad por un cochero en aquella calle de Turín. Después de eso, nunca recuperó la cordura, creando una metáfora tan poderosa como su pensamiento. Ojalá encontremos algo que nos libre del futuro.