La epopeya de «Lar»

Mercedes Corbillón

FUGAS

La escritora Bibiana Candia presenta su segunda novela, «Lar»
La escritora Bibiana Candia presenta su segunda novela, «Lar» Fundación Telefónica

Pocos en Galicia conocíamos el destino de los chavales que salieron de nuestras aldeas marcadas por el hambre y el cólera a mediados del XIX y cruzaron el mar tentados por cantos de sirena de hombres sin escrúpulos que dormían en camas con dosel y ocupaban sillones en el parlamento. Ni siquiera la de aquellos que fueron tratados como esclavos en los ingenios azucareros por otro gallego, un hombre noble de cuna e inmoral de condición, diputado en Cortes y con pazo en Viana do Bolo. Nos enteramos por Bibiana Candia, que escribió desde los márgenes una novela pequeña e inmensa que se extendió por todas partes como esa epidemia mortal y como el silencio de las familias de los mercadeados que desaparecieron en los manglares o en el devenir de la historia que nunca recuerda a los insignificantes. Azucre fue éxito insospechado, demostrando que la literatura se abre paso entre las lianas enredadas del mundo editorial. Los protagonistas de aquella odisea eran hombres jóvenes. Las mujeres que son ahora las protagonistas de una historia que complementa la otra. La epopeya de las que trabajaban en la fábrica de tabacos de A Coruña, mal vistas por todos, deslenguadas y libres precisamente porque nadie las respetaba. Si nadie te tiene en consideración puedes dar rienda suelta a tu genio. Para alguna es un fuego que crece en las tripas y no se apacigua. Lar se llama la novela publicada en Alfaguara y escrita con ese estilo preciso y apegado a su lengua. No puedes hablar de mujeres obreras, solas, explotadas, desesperadas, mujeres que paren al pie de la lareira y lavan los cuerpos de los muertos que amanecen con el cielo de la boca frío el día previo a la revolución, y retocar las palabras.

El relato está plagado de doentes, de chambonas y de bebés cogidos en el colo mientras la leña se sigue acumulando en la hoguera del hartazgo y del miedo a las máquinas que las dejaran en la calle sin conciencia ni compasión.

Todo estallido parece repentino y tiene mucho trabajo de fondo, como el éxito de Candia, que está construido frase a frase desde mucho antes de que la leyésemos. Ahora es nuestra y nos enseña las miserias de las que venimos y a las que tal vez volvemos.